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Las finanzas de impacto despegan en España

Sir Ronald Cohen, uno de los principales promotores de la idea de las finanzas de impacto habla en su prestigioso libro Impact: Reshaping capitalism to ...

De Jordi Ibáñez Pulido


Sir Ronald Cohen, uno de los principales promotores de la idea de las finanzas de impacto habla en su prestigioso libro Impact: Reshaping capitalism to drive real change sobre la Revolución del Impacto. Dice que puede imaginarse esta revolución marcando el siglo XXI de la misma manera que la Revolución Tecnológica marcó el siglo XX. Y es cierto que en los últimos años la palabra impacto multiplica su uso en ámbitos empresariales. El mundo financiero no es ajeno a este proceso.

“La inversión de impacto es aquella que intencionalmente busca un impacto social o medioambiental medible, además de un retorno financiero. Este tipo de inversión incluye un amplio abanico de objetivos de retorno financiero, riesgo e instrumentos de financiación, así como inversiones en organizaciones con diversas formas jurídicas, pero siempre con tres características: centralidad del impacto social y medioambiental, medición de dicho impacto y expectativa de retorno financiero“ Así define el impacto, el informe Hacia una economía de impacto: recomendaciones, impulsado por el Foro Impacto, la principal plataforma del sector en España y que recientemente ha constituïdo Spain NAB como parte del Global Steering Group for Impact Investment (GSG). Este grupo es una suerte de autoridad mundial en el ámbito de las Finanzas de Impacto.

El primer impulso a nivel político en relación a las finanzas de impacto apareció allá en el año 2000, de la mano del MInisterio de Economía Inglés con la creación del Taskforce Group de la Inversión Social (SITF). Durante la crisis financiera el sistema capitalista evidenció grandes grietas y las llamadas a cambiar el sistema se multiplicaban incluso entre sus propios adeptos. Nicolás Sarkosy abogaba por un sistema capitalista con imposiciones regulatorias más fuertes, la Unión Europea dictaba normas en favor de la estabilidad del sistema financiero. Mientras tanto el SITF seguía dándole vueltas a la idea del impacto. En 2013 tuvo lugar finalmente el G8 Social Impact Investment Forum, en el que David Cameron anunciaba la transformación del SITF en el GSG, un grupo de trabajo que tendría como objetivo “catalizar el desarrollo del mercado de la inversión de impacto” y encargó su dirección al mencionado Sir Ronald Cohen.

Sir Ronald Cohen, director del Global Steering Commitee

Desde entonces el mercado no ha parado de crecer aprovechando diversos factores. Por una parte esa desafección creciente hacia el capitalismo financiero que nace incluso en las propias filas de sus defensores. Por otra, el intento de muchas firmas financieras de lanzar iniciativas para compensar la mala reputación que ellas mismas se han ido ganando en las últimas décadas. También ha tenido mucho que ver, el impulso hacia la medición del impacto que se promueve desde la óptica de la responsabilidad social corporativa con iniciativas como la Global Reporting Initiative de las Naciones Unidas (GRI). Y finalmente, y no menos importante, la reacción frente a la emergencia climática, a la crisis generada por la Covid-19 y a la creciente desigualdad social recrudecida tras la crisis de 2008 que reclaman una atención directa también por parte del mundo financiero.

Según la Global Impact Investing Network (GIIN), la inversión de impacto se ha disparado en los últimos años hasta alcanzar la escalofriante cifra de los 715.000 millones de dólares. En España el sector llega más tarde pero su progreso actualmente no es menor. Según Spain NAB, el sector creció un 26% en 2020 y sigue en fuerte expansión. La inversión de impacto en España se compone de fondos de capital privado de impacto (fondos de capital riesgo y fondos que invierten en empresas no cotizadas) que representan el 23% de la inversión; de instituciones de banca ética y social que suponen el 64%, y finalmente fundaciones y otro tipo de organizaciones más informales que representan el 10% restante. El 3% restante incluye aseguradoras, fondos de pensiones, fondos de financiación pública, plataformas de financiación participativa, y los fondos de inversión en activos cotizados.

Hoy por hoy no hay ningún análisis al respecto pero en general, podemos decir que los fondos de impacto se dirigen más al emprendimiento social y en cambio las finanzas éticas tienen un espectro más amplio donde además del emprendimiento social cabe la economía social y solidaria, las empresas sociales y el tercer sector con actividad fuera de mercado: asociaciones y fundaciones de acción social, ambientalistas, de fomento de la participación ciudadana, ongs de cooperación al desarrollo, entidades deportivas, etc. Los primeros utilizan indistintamente capital y productos híbridos como préstamos participativos o convertibles y en cambio las finanzas éticas utilizan exclusivamente las herramientas de financiación bancaria. Ahora bien, en los últimos años, las finanzas éticas, como veremos han empezado a desarrollar también algunas herramientas de capital y préstamos.
Todo apunta al crecimiento de este tipo de actividad financiera que se une a otras tendencias que reclaman poner atención a los efectos no económicos de la actividad económica. Por una parte las inversiones socialmente responsables (ISR), que en general consisten en la inversión en empresas cotizadas utilizando alguna de las siete estrategias propuestas por Eurosif excluyendo determinados valores con comportamientos negativos o haciendo discriminación positiva sobre aquellos con mejores políticas ambientales, sociales y de buen gobierno. Por otra, el impulso del Plan de las Finanzas Sostenibles promovido por la UE que pretende movilizar capitales a la transición verde y que actualmente trabaja en una taxonomía social. Otra de las iniciativas que rema en una dirección parecida es la de los Principios de Finanzas Responsables de las Naciones Unidas, firmado por un conjunto de más de 140 bancos de todo el mundo, aunque el nivel de compromiso tanto desde el punto de vista normativo como el de prácticas de esos bancos es realmente muy laxo.

 

Parece pues que el panorama financiero por fin está cambiando, si supone una auténtica revolución o una reforma en el sistema capitalista lo veremos con el tiempo. Sin embargo, en un caso u otro, igualmente habrá que prestar atención a cuánto de estas iniciativas realmente suponen un cambio cualitativo y cuánto de ellas permite simplemente un lavado de imagen del sector. En este sentido nos parece fundamental que estas iniciativas incorporen al menos dos aspectos que las finanzas éticas parecen ser las únicas, de momento, en tener en cuenta y que revisamos en el siguiente artículo de este dossier.

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