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Emergencia Climática

Comunidades energéticas: los retos de financiación de un modelo colectivo

Las comunidades energéticas permiten que la ciudadanía participe de manera activa en la transición energética, pero su desarrollo continúa condicionado ...

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©Comunidad Energética Energía Bonita de La Palma (Canarias)

Las comunidades energéticas permiten que la ciudadanía participe de manera activa en la transición energética, pero su desarrollo continúa condicionado por dificultades financieras, administrativas y organizativas. Así lo constata el informe Retos y dificultades en el ecosistema de las comunidades energéticas, elaborado conjuntamente por la Fundación Finanzas Éticas y un equipo investigador de la Facultad de Economía y Empresa de la Universidad de Zaragoza.

El estudio analiza la realidad financiera de estas iniciativas y presta especial atención a los conocimientos y capacidades de los grupos que las promueven, los instrumentos que emplean para financiar sus proyectos y el acompañamiento que reciben. Según los últimos datos del Observatorio de Comunidades Energéticas, al finalizar el pasado año se habían identificado en España 837 comunidades energéticas formalmente constituidas, 182 de ellas creadas durante 2025. Sin embargo, solo el 26,6 % tenía ya en funcionamiento su primer proyecto energético. Los datos muestran, por tanto, un crecimiento sostenido del número de iniciativas, pero también un ecosistema que continúa en una fase inicial de consolidación.

Instalación fotovoltaica de la Comunidad Energética Energía Bonita, en Santa Cruz de La Palma ©Energía Bonita
Menos conocimientos financieros y administrativos

Una de las primeras conclusiones del informe es que los grupos promotores cuentan inicialmente con un conocimiento moderado sobre la naturaleza y el funcionamiento general de las comunidades energéticas. Sin embargo, el conocimiento disminuye de forma significativa cuando se abordan cuestiones financieras y administrativas. La insuficiencia de fondos propios, el tiempo que debe dedicar el grupo motor y la dificultad para acceder a un acompañamiento adecuado aparecen entre los principales obstáculos. El informe también señala que el apoyo de las administraciones públicas se percibe como limitado y que, en muchos casos, son las redes y organizaciones independientes las que asumen un mayor protagonismo en la orientación de los proyectos.

Estas dificultades resultan especialmente relevantes porque las comunidades energéticas no son únicamente instalaciones de autoconsumo. Son organizaciones colectivas que deben crear estructuras estables, tomar decisiones compartidas, incorporar a nuevas personas y desarrollar una cultura cooperativa.

Una combinación compleja de recursos

Las experiencias estudiadas muestran que las comunidades energéticas no suelen financiarse mediante una única fórmula. Para poner en marcha sus proyectos tienen que combinar subvenciones y ayudas públicas con préstamos, aportaciones al capital social y recursos proporcionados por las personas socias o por su entorno.

También existen otras posibilidades, como el crowdfunding, el crowdlending, los bonos, los préstamos participativos, los acuerdos de compra de energía o la entrada de terceros inversores. El informe reúne estos mecanismos dentro de los denominados Esquemas de Financiación para la Energía Comunitaria, instrumentos pensados específicamente para responder a las necesidades de estos proyectos.

Esta combinación de financiación a fondo perdido y financiación reembolsable permite afrontar las inversiones necesarias, pero también genera estructuras complejas que requieren conocimientos especializados. Por ello, el estudio reclama instrumentos más accesibles y adaptados a las distintas fases de desarrollo de las comunidades energéticas.

©iStock
Las finanzas éticas, principales aliadas

Dentro de los circuitos financieros formales, las finanzas éticas aparecen como las principales aliadas de las comunidades analizadas. Su proximidad a los proyectos colectivos y su orientación social y ambiental facilitan una mejor comprensión de iniciativas que no siempre encajan en los criterios utilizados por la banca convencional.

La participación económica de las personas socias también resulta imprescindible. Las aportaciones al capital social y los préstamos procedentes de la comunidad o de su entorno están presentes en los casos estudiados. El documento subraya, por ello, la necesidad de fortalecer la cultura de la autofinanciación y la corresponsabilidad económica.

Reducir la dependencia de las subvenciones

Las ayudas públicas han desempeñado un papel determinante en la creación de numerosas comunidades energéticas. Sin embargo, una dependencia excesiva de las subvenciones puede poner en riesgo su continuidad o hacer que los proyectos se adapten más a las convocatorias disponibles que a las necesidades reales de la comunidad.

El reto consiste en construir modelos económicos más estables, capaces de combinar apoyo público, financiación externa y recursos propios. El informe señala también el potencial de las cooperativas de segundo grado y de otras estructuras compartidas para proporcionar servicios profesionales, reducir costes y facilitar el acceso a conocimientos especializados.

Más que energía: tejido comunitario

El informe dedica un apartado específico al papel de las Oficinas de Transformación Comunitaria (OTC), creadas para informar, asesorar y acompañar a las comunidades energéticas. El estudio reconoce su importancia y su relevante potencial estratégico, aunque advierte de que su implantación reciente y las diferencias territoriales limitan todavía su capacidad de actuación.

Más allá de los datos, el informe plantea una idea que atraviesa todo el documento: las comunidades energéticas no deben entenderse únicamente como proyectos de energía renovable. Su potencial va más allá de la dimensión técnica y económica: pueden convertirse en un motor para revitalizar el tejido social de un territorio y para democratizar un modelo energético tradicionalmente concentrado en pocos actores.

Para que ese potencial se traduzca en resultados, concluye el estudio, es necesario un ecosistema financiero y de acompañamiento más sólido que el actual: mayor formación, más seguridad jurídica, estructuras organizativas estables y productos financieros diseñados específicamente para las particularidades de este tipo de iniciativas.

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