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Las finanzas deben servir a la sociedad durante la crisis de COVID-19 y siempre

Artículo traducido del original de Myriam Vander Stichele, Investigadora Senior en el Centre for Research on Multinational Corporations (SOMO) en Open Democracy. Los excesos ...

De Myriam Vander Stichele
SOPA Images/SIPA USA/PA Images

Artículo traducido del original de Myriam Vander Stichele, Investigadora Senior en el Centre for Research on Multinational Corporations (SOMO) en Open Democracy.

Los excesos especulativos por el virus son los culpables de la volatilidad actual del mercado. Deben tomarse medidas rigurosas para que las finanzas funcionen para el bien público.

Los gobiernos están trabajando en proporcionar medidas cada vez más fuertes y capitales adicionales para afrontar esta crisis económica. Y en los mercados financieros se está generando un pánico, fruto, en gran parte, de estas medidas.

Durante años, la industria financiera logró, mediante una oposición feroz, evitar la intervención y la implementacion de la regulación que hubiera frenado la actual angustia financiera. Y ahora los gobiernos tienen que afrontar la situación con un débil marco regulatorio. En lugar de huir y quedar al margen, los actores financieros deberían invertir el dinero que retiran de los mercados especulativos en empresas y medidas que luchen contra las consecuencias económicas de COVID-19.

La reacción frenética de los mercados financieros al coronavirus (primero ignorar y luego huir) es una consecuencia lógica de las reglas del juego. Con algunas excepciones, las regulaciones vigentes aún permiten la compra y venta a muy corto plazo por todo tipo de operadores especulativos: operadores de alta frecuencia, vendedores en corto, comercio automatizado computarizado con algoritmos, comerciantes diarios e inversores de fondos. Su venta y compra inmediata es facilitada por corredores de bolsa, bolsas de valores, banqueros de inversión y “creadores de mercado”. Ahora, en tiempos de volatilidad del mercado, algunos están viendo retornos atractivos.

La frágil regulación, la política monetaria laxa y las bajas tasas de interés, junto con la extrema libertad de movimiento de capital, han permitido a muchos en la industria de la inversión obtener enormes ganancias en los últimos años. Estas ganancias ahora podrían reinvertirse y ponerse a trabajar. Los cinco grandes bancos de inversión de Estados Unidos obtuvieron 118 mil millones de dólares en ganancias en 2018. La industria de los fondos de inversión hizo un su agosto. Por ejemplo, BlackRock obtuvo una ganancia neta anual de $ 4,48 mil millones al administrar $ 7 billones a fines de 2019. Flow Traders, un comercializador holandés de alta frecuencia y creador de mercado, obtuvo una ganancia de 53,1 millones de euros en 2019 y cerca de 160,9 millones de euros en 2018.

Estas ganancias provienen de asumir riesgos cada vez mayores en busca de altos rendimientos. ¿Cómo agravarán esos riesgos las sucesivas crisis de oferta, de demanda, la crisis financiera, la crisis petrolera, la crisis sanitaria y en definitiva también la crisis económica que está estallando?

Los riesgos y las ganancias tienen un precio

Muchas corporaciones han podido pedir crédito y emitir bonos, incluso si apenas tenían credibilidad (“bonos basura”). Los inversores compraron ansiosamente bonos con alto riesgo debido a sus tasas de interés relativamente altas. No solo los bancos se han involucrado en préstamos riesgosos, sino también las corporaciones no bancarias -con mucha menos amortiguación para enfrentar préstamos morosos-. La deuda corporativa total aumentó a 13,5 billones de dólares a fines de 2019, que es más del doble de la cantidad que en diciembre de 2008. La falta de reembolso de esta deuda cuando la economía está entrando en recesión genera conmoción en el sector financiero. Debido a las interconexiones de éste con el montante de deuda global de gobiernos, hogares y empresas, estimado en más de $ 253 billones a fines de 2019, puede desmoronarse peligrosamente y afectar al resto de economía.

La industria de gestión de activos de inversión creció rápidamente a más de 66,4 billones de dólares en 2019, en estrecha relación con el conjunto de mercados financieros. Estos fondos de gestión de activos de inversión conocidos como “pasivos” simplemente siguen los movimientos del mercado financiero mediante el uso de índices. El reciente crecimiento de estos fondos tiene que ver con la adopción de políticas cada vez más riesgosas de adquisición de bonos corporativos y gubernamentales.

Los fondos populares (pasivos) cotizados (ETF) contienen acciones que pueden comprarse y venderse inmediatamente en las bolsas. Por lo tanto, cuando los precios caen en los mercados bursátiles, los precios de las acciones de fondos y ETFs caen, y los inversores los venden masivamente.

Las expertas y expertos han estado advirtiendo que los administradores de fondos de inversión tendrán que vender todavía más de los millones de acciones y bonos (gubernamentales y / o corporativos) que poseen colectivamente, agotando sus reservas y empeorando la espiral descendente de precios hasta que éstos serán irracionalmente bajos.

Un aspecto que se pasa por alto es que, a lo largo de los años, los administradores de fondos de inversión han estado presionando a las corporaciones para que aumenten sus ganancias, a menudo a costa de perjudicar la protección social y ambiental y el pago de impuestos. Esto ha resultado en una creciente desigualdad y ha debilitado los servicios públicos, que ahora impiden una red de seguridad social para superar la pandemia de coronavirus.

Así pues, estos riesgos están ya jugando un papel en en la situación actual del mercado, pero ¿quiénes son las víctimas?

Por una parte, los inversores a largo plazo, como los fondos de pensiones de empleados y trabajadores. En segundo lugar, las personas ahorradoras que no tienen interés o a quienes se les aconsejó poner sus ahorros en los mercados financieros, especialmente en fondos de inversión cuyo valor se está degradando. En tercer lugar, el personal de las empresas que enfrentan cargas de deuda demasiado altas y las PYME que tienen pocas reservas.

Pero la mayor parte del dolor probablemente lo sentirán las personas de los países con mercados emergentes y los países “en desarrollo” que ya tenían una gran carga de deuda. Estos países ahora enfrentan especulación monetaria y depreciación de sus monedas en un contexto de deuda y dependencia externa. Sufren la caída de precio de productos básicos que exportan, sufren la caída de los mercados financieros y el alza del coste de sus bonos debido a las enormes salidas financieras de los inversores extranjeros. Habían atraído a inversores arriesgados con bonos de alta tasa de interés y compromiso con la libre circulación de capitales, pero ahora apenas pueden defender sus monedas con las reservas extranjeras que tienen.

Argentina, por ejemplo, ha visto caer su peso aún más, deteriorando su deuda denominada en dólares no reembolsable y su enorme impacto socioeconómico. La pregunta es si los llamados “fondos buitre” (en su mayoría fondos de cobertura) ahora están comprando bonos de los países en desarrollo con descuentos enormes para luego demandar a estos países para pagarlos en su totalidad, como ha sucedido en el pasado.

Medidas más drásticas para el sector financiero

Curiosamente, la autoridad financiera indonesia tomó medidas al mejorar las reglas para detener las ventas excesivas del mercado financiero y prohibir la especulación sobre la caída de los precios de las acciones (la conocida como “venta en corto”, que ya ha sido prohibida en Italia y España). Los mercados bursátiles de EE.UU. subieron bruscamente el viernes 13 de marzo después de que el presidente Trump anunciara la emergencia nacional y una inyección financiera de $ 50 mil millones. Pero los subsecuentes recortes de tasas del banco central de los Estados Unidos y la compra de bonos y valores no han calmado los mercados financieros mundiales. No había contenido el miedo a los problemas en las partes menos visibles del sistema que podrían conducir a una crisis de liquidez y una crisis crediticia.

Las autoridades financieras occidentales también deberían tomar otras medidas drásticas: detener el comercio de alta frecuencia, el comercio automático e incluso el comercio en pánico, así como prohibir las ventas en corto, el préstamo de valores y todos los actores financieros con actividades puramente especulativas socialmente inútiles.

Así como las personas no pueden moverse, los bancos centrales deben detener los movimientos especulativos y la fuga de capital mediante la introducción inteligente de controles de capital. Es preocupante que los supervisores de la UE hayan decidido relajar las regulaciones de los bancos, que son algo más estrictas, es decir, más resistentes a las crisis, que las reglas del mercado financiero.

Los encargados de formular políticas deben proteger el interés público. No lograron coordinarse al comienzo del comportamiento de los mercados financieros después del brote del virus COVID-19, a pesar de las pasadas cumbres del G20 y G7. Las primeras (y débiles) declaraciones conjuntas de los ministros de finanzas del G20 y del G7 y los gobernadores de los bancos centrales no tuvieron efecto. Si introdujeran inmediatamente un impuesto a las transacciones financieras, se frenaría el comercio excesivo especulativo y se recaudarían grandes cantidades de dinero para las arcas públicas.

Muchos grandes inversores que vendieron sus acciones, bonos o fondos de inversión han ahorrado mucho dinero y tienen efectivo a mano. Las medidas del Banco Central Europeo pueden, en las circunstancias actuales, no ser una respuesta suficiente y deben exigir contribución a los mercados financieros especulativos.

La acción gubernamental dirigida a apuntalar la economía y la sociedad necesita muchos más recursos financieros. Las medidas extraordinarias deben orientar el dinero privado inactivo de inmediato a las empresas y proyectos que se ocupan de la crisis de salud y la recesión económica. Las autoridades financieras deben condicionar las medidas de apoyo a los intermediarios financieros a dirigir el dinero a quienes más lo necesitan. Un Corona-impuesto a la riqueza financiera podría aportar recursos a los servicios públicos y el apoyo público para aquellos afectados por la crisis (por ejemplo, trabajadores flexibles, pymes).

La crisis de COVID-19 es una lección y exige una urgencia para rediseñar y regular rápidamente la industria financiera hacia una transición de la economía justa y favorable al clima, y ​​no a la especulación. La industria financiera debe servir a la sociedad cuando y donde se necesita, no precarizarla más.

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