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Simplificar, no desregular: un marco para fortalecer la banca social y sostenible en Europa

La Comisión Europea ha publicado, este mes de julio, un informe sobre la competitividad del sector bancario que marca un nuevo paso en el ...

De valorsocial
Imagen portada documento elaborado por ©FEBEA Advocacy Lab

La Comisión Europea ha publicado, este mes de julio, un informe sobre la competitividad del sector bancario que marca un nuevo paso en el desarrollo de la Unión de Ahorro e Inversión (Savings and Investments Union, SIU), la estrategia lanzada el pasado año para canalizar el ahorro y la inversión hacia las prioridades económicas de la Unión Europea. Su publicación abre ahora el debate sobre la futura regulación bancaria europea.

Es en ese contexto donde el FEBEA Advocacy Lab, una iniciativa conjunta de la Federación Europea de Bancos Éticos y Alternativos (FEBEA) y la Sustainable Banking Coalition, ha presentado el documento Financing Europe’s Future: A Social and Sustainable Banking Framework. En él, esta alianza expone la visión sobre cómo debería abordarse la revisión de la regulación bancaria europea para reforzar la financiación de la economía real, la transición ecológica y la estabilidad financiera. El Advocacy Lab reúne a más de 40 entidades financieras de más de quince países europeos que gestionan conjuntamente más de 75.000 millones de euros en activos.

La competitividad no debe equipararse a la rentabilidad.

Simplificar no puede significar desregular

El mensaje central del documento puede resumirse en una idea sencilla: simplificar la regulación no debe convertirse en una forma de desregular el sistema financiero. Para FEBEA, la competitividad de la banca no debería medirse únicamente por su rentabilidad, sino por «la capacidad del sector bancario para financiar la economía real, asignar el capital de forma eficiente, resistir en momentos de crisis y contribuir a los objetivos económicos, sociales y ambientales de Europa a largo plazo».

El documento elaborado por el Advocacy Lab recuerda que las reformas aprobadas tras la crisis financiera de 2008 han permitido construir un sistema bancario europeo mucho más sólido. Gracias al refuerzo de los requisitos de capital, la mejora en la gestión del riesgo y la aplicación del marco de Basilea, la banca europea es hoy más resistente frente a futuras crisis. Por ello, FEBEA sostiene que revisar la regulación no debería implicar rebajar esas garantías, sino mejorar aquellos aspectos que generan cargas administrativas innecesarias o que no distinguen suficientemente entre modelos bancarios muy diferentes.

Uno de los ejes del documento es la diversidad del sistema bancario europeo. Sus autores sostienen que el sistema financiero europeo no está compuesto únicamente por grandes bancos internacionales. «Las entidades bancarias de menor tamaño y con una fuerte implantación regional complementan la actividad de los grandes grupos bancarios, dando servicio a distintos segmentos de la economía, en particular a los hogares, las pequeñas y medianas empresas (pymes) y las comunidades locales«, indican. Esa diversidad, recuerdan, ya ha sido identificada como una fortaleza del sistema financiero europeo en los informes elaborados por Mario Draghi y Enrico Letta sobre el futuro de la competitividad de la Unión Europea.

Dentro de ese ecosistema, el documento aporta datos que avalan que los bancos éticos y sostenibles representan un segmento diferenciado y valioso. Un sector que gestiona alrededor de 79.000 millones de euros en activos y destina el 68 % de ellos a préstamos dirigidos a la economía real. Además, más del 70 % de su actividad crediticia se orienta a iniciativas con impacto social o ambiental positivo. El informe añade que, en algunos casos, hasta el 93 % de los préstamos concedidos por estas entidades se dirige a microempresas que habitualmente encuentran mayores dificultades para acceder al sistema bancario tradicional.

A ello se suma un desempeño financiero que, según el informe, cuestiona la idea de que orientar la actividad hacia el impacto social y ambiental implica asumir un mayor riesgo: su ratio de morosidad se sitúa en el 1,61%, por debajo del 1,89% registrado por la banca significativa, y su rentabilidad sobre activos ha superado a la de la gran banca en ocho de los últimos diez años. El informe atribuye buena parte de esa estabilidad al modelo de financiación de estas entidades, apoyado en depósitos estables de sus propios clientes.

Las reformas deberían reforzar la capacidad de los bancos para financiar la economía real.

Cinco propuestas para una regulación más proporcionada

A partir de estos datos, FEBEA plantea varias medidas para adaptar la regulación al perfil de riesgo de cada entidad. Entre las medidas que plantea figuran un régimen regulatorio proporcional para los bancos pequeños y poco complejos, la eliminación de duplicidades en las obligaciones de información, una supervisión más adaptada al riesgo real de cada entidad, un marco simplificado para los requisitos de capital y liquidez y una integración más firme de los riesgos climáticos y de transición en la supervisión prudencial.

El hilo conductor de todas las propuestas es el mismo: aplicar normas proporcionadas al riesgo real de cada modelo de negocio, sin debilitar las garantías prudenciales que protegen la estabilidad del sistema financiero. «Europa no necesita menos regulación. Necesita mejor regulación. Una que preserve la estabilidad financiera mientras permite a los bancos ampliar la inversión donde más importa: en las personas, las comunidades y la economía real«, concluye el comunicado.

En conjunto, el documento sostiene que la regulación bancaria europea no necesita una reforma profunda, sino ajustes que la hagan más eficaz sin debilitar las garantías existentes. Más allá de las propuestas técnicas, el debate abierto en Bruselas plantea una cuestión de fondo: qué tipo de sistema financiero necesita Europa para afrontar los retos de las próximas décadas. La respuesta condicionará no solo las futuras normas bancarias, sino también la capacidad del sector financiero para canalizar recursos hacia la economía real y acompañar las transformaciones sociales y ambientales que la Unión Europea considera estratégicas.

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