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Género y finanzas

Carmen Castro: «La economía convencional se ocupa solo de una parte que está monetizada, pero que está sostenida por otra economía invisibilizada»

¿Qué entendemos por economía? ¿Qué actividades generan realmente bienestar? ¿Por qué algunas contribuciones fundamentales para la sociedad permanecen invisibles?

De Sara García Martín
©iStock

¿Qué entendemos por economía? ¿Qué actividades generan realmente bienestar? ¿Por qué algunas contribuciones fundamentales para la sociedad permanecen invisibles? Estas fueron algunas de las cuestiones que guiaron el webinar «Economía Feminista 1.0 «, celebrado el miércoles 3 de junio y organizado por el Grupo de Mujeres de Fiare. La sesión corrió a cargo de Carmen Castro, economista, feminista, investigadora y especialista en políticas de igualdad, quien invitó a reflexionar sobre la necesidad de construir un modelo económico más justo, sostenible y centrado en la vida.

La economista y activista feminista definió la economía feminista como una corriente crítica que busca «poner la vida con su complejidad, con su fragilidad y con sus necesidades» en un lugar prioritario dentro de las agendas económicas y políticas. Frente a una visión centrada en los mercados, el crecimiento y la obtención de beneficios, la economía feminista plantea poner en el centro aquello que hace posible la vida cotidiana: los cuidados, las relaciones de interdependencia y el bienestar de las personas.

Carmen Castro, a la derecha, en unas jornadas de la Universitat d’Estiu de Gandia, en julio de 2022
Gafas violetas y el iceberg de la economía

Uno de los conceptos centrales de la sesión fue la necesidad de analizar la realidad económica desde una perspectiva feminista, lo que Castro describió mediante la conocida metáfora de las “gafas violetas”. Este cambio de mirada permite cuestionar una economía que, según explicó, sigue centrando su atención en aquello que tiene valor monetario, mientras deja fuera una parte esencial de las actividades que sostienen la vida. «La economía convencional se ocupa solo de una parte que está monetizada, mercantilizada, pero que está sostenida por otra economía invisibilizada que es la que permite que todo eso ocurra», afirmó.

Para explicar esta idea, la ponente recurrió a la metáfora del iceberg. En esta imagen, la parte visible representa la economía de los mercados, el empleo, la producción y el consumo. Bajo la superficie se encuentra una economía invisibilizada formada por los cuidados y el trabajo doméstico que, históricamente, han recaído sobre las mujeres. Según explicó, esta economía sumergida permite que la actividad económica visible funcione cada día, aunque rara vez sea reconocida o valorada. La economista señaló que esta distribución desigual de las responsabilidades de cuidado ayuda a explicar muchas de las brechas que siguen afectando a las mujeres en ámbitos como el empleo, los salarios, las pensiones o la participación social y política.

Ilustración de Economistas sin Fronteras
El mito del sujeto económico universal y otras «patrañas»

Otro de los elementos analizados fue la crítica al modelo de sujeto económico sobre el que se ha construido buena parte de la teoría económica tradicional: el sujeto «BBVAH» (blanco, burgués, varón, adulto y heterosexual). Castro denuncia que este sujeto no es universal, sino que es un «espejo» de las élites que ostentan el poder económico, quienes han convertido su propia imagen en el estándar para toda la población.

Durante el webinar también se cuestionaron algunas de las ideas que sustentan la economía convencional, «patrañas» en palabras de Castro. Entre ellas destacó la supuesta separación entre producción y reproducción, la idea de que economía y ética pertenecen a ámbitos distintos o la creencia de que los mercados son el único espacio relevante para generar valor. «No todo puede ser permitido en nombre de la economía o en nombre de la obtención de ventaja económica», afirmó, defendiendo la necesidad de incorporar principios éticos en las decisiones económicas. Asimismo, alertó sobre las diferentes formas de extractivismo que caracterizan al modelo actual, no solo sobre los recursos naturales, sino también sobre el tiempo, la energía, la salud y los cuidados.

Asimismo, defendió la importancia de convertir la economía de los cuidados en un motor de transformación social y económica, capaz de generar bienestar con criterios de justicia social, y apostó por impulsar una mayor corresponsabilidad colectiva que permita superar la tradicional división sexual del trabajo. Para ello, señaló que la responsabilidad de cuidar debe extenderse más allá de las mujeres e implicar también a hombres, instituciones públicas, empresas y comunidades.

Cartel del webinar del 3 junio 2026

 

Las 5 R de los cuidados

La economista también presentó la estrategia de las 5 R, una propuesta orientada a reorganizar socialmente los cuidados. En relación con el trabajo no remunerado, defendió la necesidad de reconocer su contribución al bienestar colectivo, reducir la carga que soportan las mujeres y redistribuir estas tareas de manera más equitativa entre toda la población. Respecto a los trabajos de cuidados remunerados, abogó por garantizar una remuneración justa y por reforzar la representación colectiva de quienes desarrollan estas actividades, un sector que continúa marcado por la precariedad laboral.

Entre las medidas concretas para avanzar en esta dirección, Castro destacó la necesidad de fortalecer una red pública profesional de atención a la dependencia que evite que el cuidado recaiga exclusivamente sobre las familias, avanzar hacia una reducción de la jornada laboral que permita reorganizar los tiempos de vida y consolidar permisos por nacimiento iguales e intransferibles que favorezcan la corresponsabilidad desde el inicio de la crianza.

La sesión concluyó con una llamada a construir sociedades más corresponsables y a repensar las prioridades económicas desde la igualdad y el bienestar colectivo. Para Carmen Castro, la transformación pasa por reconocer nuestra vulnerabilidad e interdependencia y por avanzar hacia modelos económicos capaces de garantizar vidas dignas para todas las personas. «Se trata de orientarnos como estrategia de cambio y de transformación social y económica hacia sociedades cuidadoras», concluyó.

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