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«Para organizaciones y cooperativas de mujeres migrantes es muy difícil acceder a recursos financieros», Calala y La Comala

Entrevistamos a María Palomares Arenas, de la Fundación Calala Fondo de Mujeres y Mercedes Rodríguez de la cooperativa madrileña La Comala. ...

De Alba Crespo Rubio


Entrevistamos a María Palomares Arenas, de la Fundación Calala Fondo de Mujeres y Mercedes Rodríguez de la cooperativa madrileña La Comala.

Hace tres años que arrancó en Madrid la cooperativa La Comala. Su trabajo se centra en los cuidados y la limpieza, y en este último año también han impulsado una línea de formación interna para, como dice Mercedes Rodríguez, «fortalecerse individual y colectivamente».

En Calala Fondo de Mujeres han acompañado en su gestación y desarrollo a La Comala y a muchas otras iniciativas. «Apoyamos al movimiento feminista, y sobre todo a mujeres migradas, con ayudas económicas y con acciones de acompañamiento, articulación y fortalecimiento» cuenta María Palomares Arenas, una de sus integrantes.

Juntas, están gestando un proyecto al que llaman, por ahora, Fondo rESSistencias): un fondo común, mutual, de apoyo a organizaciones y cooperativas feministas que están pasándolo mal por el impacto de la emergencia sanitaria y la crisis económica que todavía está por venir.

Hablando de feminismos y cuidados… la situación nos ha permitido dejar más espacio para hablar de algo que los feminismos ya hace tiempo que vienen diciendo: que hay que poner en el centro la reproducción, los cuidados. ¿Cuál es vuestra posición al respecto?

Mercedes (MR): Nosotras llevamos muchos años reflexionando sobre este tema. La mayoría de integrantes de la cooperativa somos mujeres migrantes con alguna trayectoria de activismo por la defensa de los derechos de las mujeres y por una vida digna. Al llegar aquí -unas por razones económicas y otras por razones políticas-, hemos visto que las probabilidades de trabajo para nosotras, dentro de la lógica del sistema, está en el sector de la limpieza y los cuidados.

Llevamos cerca de diez años dándole vueltas al tema de los cuidados, en espacios amplios, de articulación, de construcción común. Pero en una sociedad que todavía está basada en dinámicas patriarcales y colonialistas, persiste la ilusión de que el cuidado sólo es el trabajo reproductivo en el ámbito doméstico y es una tarea de las otras: de la chacha, la sirvienta. Mientras este relato esté articulándonos, bajo un mandato patriarcal, es muy difícil que los cuidados formen parte del eje central de la vida.

«Consideramos que el empleo doméstico es tan importante… lo hemos visto en este contexto pandémico, que es un trabajo esencial para la vida y por tanto deberíamos darle el valor social y económico que amerita», Mercedes Rodríguez, La Comala.

Creo que a nivel global hemos ido avanzando como movimientos feministas, pero que todavía nos queda mucho. En nuestro entorno cada vez hay más consciencia, pero más allá cuesta que nuestras reivindicaciones lleguen a toda la sociedad. Demandas como equiparación de derechos representada en el salario básico interprofesional y unas garantías (jubilación digna, derecho a paro, y a baja médica) y también una valoración y reconocimiento. Qué pasaría en este mundo si no hubiese alguien que cuidara? Necesitamos a alguien que nos cuide y necesitamos cuidar.

María (MP): Yo sí quiero poner en valor todo el trabajo de incidencia que han hecho las organizaciones de mujeres migrantes y de empleadas del hogar para que España ratifique el convenio de la OIT sobre trabajo doméstico, y la capacidad que han tenido para que se las escuche y de abrir canales de diálogo. No se las escucha lo suficiente, pero tienen una voz fuerte y son interlocutoras.

Leyendo el Plan España Puede y los Fondos de reconstrucción europeos que nos vienen, que sí mencionan los cuidados, yo me preguntaba cómo podrían realmente cambiar las cosas si realmente ponemos los cuidados en el centro. Si son las trabajadoras del hogar y los cuidados las que se ponen a pensar un sistema completo y global que pase por el trabajo que ellas hacen. Cómo se podría crear un círculo económico que beneficie las trabajadoras y a las personas que reciben estos cuidados.

Calala Fondo de Mujeres. Fotografía de su página web.

 

¿Como han vivido los colectivos de mujeres a los que acompañáis la situación económica actual?

Si hay una cosa que hemos aprendido (aunque ya la intuíamos) con la pandemia es que tienes que sostener las vidas de las activistas si quieres tener un movimiento fuerte. Estos son debates que se dan en el mundo de las fundaciones y la filantropía: ¿la ayuda para qué es? ¿Para el activismo, para proyectos concretos, para hacer trabajo social? ¿O sostener las vidas precarias de las activistas también es apoyo al movimiento?

Durante la pandemia se montaron muchas cajas de resistencia, iniciativas de apoyo mutuo autogestionadas por mujeres migrantes, personas racializadas, de trabajadoras del hogar, de trabajadoras sexuales,… Nosotras hablamos con muchas de ellas, que nos explicaban que esto les servía para pagar la comida, completar las remesas que se enviaban a sus países de origen y que al perder muchas el empleo no conseguían mandar, para pagar parte del alquiler (aunque igualmente el dinero no llega para cubrir los costes de la vivienda, y ese es otro problema). Entonces nos quedó claro.

«Hay que crear condiciones de vida digna para que las activistas puedan hacer un trabajo político sostenido y con impacto», María Palomares Arenas, Calala.

¿Y en la Comala como estáis viviendo el momento?

MR: Hemos vivido un momento muy difícil. Hasta ahora habíamos logrado sostenernos durante este último año. Partiendo de la base que la nuestra es una estrategia de resistencia, de tener ingresos para sostenernos y que hemos logrado estar en régimen general, algo que para nosotras es casi un privilegio respecto a otras compañeras.

De las cinco trabajadoras en la cooperativa, tres compañeras tuvieron baja por sospecha de covid durante el confinamiento, y otra compañera lleva un año de baja por un accidente, y eso consumió la reserva económica. Escuchamos de la “vulnerabilidad”, pero es distinto cuando ves esa vulnerabilidad en el rostro de tus compañeras o amigas… nos dimos cuenta de la situación que vivimos, nos sentimos con miedo. Todo el mundo tenía que confinarse, pero nosotras, como trabajadoras esenciales tenían que salir a cuidar a personas mayores, algunas tuvieron problemas en la vivienda en qué trabajaban, y ya otro tema es aquellas que están todavía en régimen de internas.

A parte de eso, obviamente, hubo una bajada en la cartera de clientes, ya que la situación económica también afectó a quienes nos contratan. Gracias a Calala pudimos respirar un poco, cubriendo el déficit que nos generó esta situación, y nos permitió pasar la embestida de otra manera. Por eso decimos que la nuestra es una experiencia de resistencia.

Publicado por La Comala SCM en Domingo, 4 de octubre de 2020

 

¿Cómo fue en Calala?

MP: También se notó. Venimos de una trayectoria larga, y tenemos una cierta estabilidad presupuestaria, y por eso la pelea de sostener estructuras nos es menos compleja. Pero sí que nos asustamos, porque no tenemos una reserva, y hemos visto que la necesitamos para sostener una estructura como la que tenemos ahora en Calala. Nos hemos puesto las pilas y ahora tenemos una pequeña caja para hacer frente a situaciones desprevenidas que sabemos no es suficiente ante una emergencia como la vivida.

Cuando llegó la pandemia teníamos activados mecanismos de autocuidado colectivo, también una persona que se encarga de los cuidados, y teníamos práctica con las herramientas digitales para el trabajo online. Además nos acogimos a un ERTE de reducción de jornada, en parte por los gastos, pero sobre todo por salud mental: teníamos demasiada carga de trabajo y había niveles muy altos de estrés, así que nos fue bien para bajar el ritmo, tal como el planeta nos estaba pidiendo en ese momento.

MR: el hecho de trabajar en cooperativa, nuestro lugar de trabajo se convierte en un espacio de apoyo mutuo en situaciones complejas como esta. No es la primera crisis que vivimos. Como latinoamericanas llevamos una serie de crisis acumuladas generadas por el neoliberalismo y la impunidad, y en estos momentos hay que fortalecer los grupos de apoyo mutuo, el tejido social, sobre todo entre mujeres migrantes que no tienen familia extensa aquí… el miedo se pasa de otra manera en red.

 

Justamente por ahí… ¿creéis que esta experiencia os aporta algún aprendizaje?

MR: Nos hemos articulado en espacios online, aprendiendo unas de otras en el uso de tecnologías para comunicarnos. En ese sentido sí se convirtió en una oportunidad.

MP: No quiero ser pesimista, pero creo que todavía no estamos viendo bien los efectos de la crisis. Realmente la pandemia llega en un momento que las redes construidas durante años estaban fuertes, dentro del movimiento feminista, dentro del movimiento de mujeres migrantes y racializadas, etc. Pero dentro del proceso de construcción de este fondo de apoyo mutuo, de resistencia, hicimos una encuesta que nos muestra que la incertidumbre y la crisis vendrá en 2021-2022. Hasta ahora hemos ido aguantando con lo que teníamos pero no sabemos lo que se nos viene y puede caer, porque con la precariedad y la inestabilidad instaladas post crisis económica del 2008, cualquiera puede caer.

 

También trabajáis con compañeras en Latinoamérica. ¿Cómo se ha vivido en todos los aspectos, en los diferentes territorios? ¿Habéis encontrado diferencias?

María: Es difícil generalizar, Latinoamérica es muy grande y hay muchas diferencias entre país y país. Yo lo que conozco más es Centroamérica. La Red con la que trabajamos allí, la Iniciativa Mesoamericana de Defensoras, hicieron un diagnóstico para ver en qué situación estaban las defensoras de derechos humanos para enfrentar la pandemia, y ellas ven claramente es que si ya estaban enfrentando violencias por cuestiones políticas, ahora las violencias económicas se van a exacerbar… y se nos caen las redes de apoyo que hemos estado construyendo, porque las mujeres tienen que estar preocupadas por su día a día.

Con una compañera salvadoreña de Calala que ha podido viajar recientemente a su país, nos reímos porque dice que ahí se vive diferente la pandemia, las políticas de salud pública son totalmente diferentes. Ella decía «ya me tengo que preocupar de los altos niveles de violencia, de la situación económica, las desigualdades… ¿coronavirus? ¡Ponte a la cola!» El virus sólo es una problemática más que afrontar.

MR: Yo conozco la realidad colombiana y también ha sido muy compleja porque la pandemia le llego como anillo al dedo al poder, y se está aprovechando para imponer medidas mucho más restrictivas, más recorte de libertades. Como aquí, los confinamientos que se han vivido han dejado y van a traer más cierres de pequeños negocios.

Antes yo decía que como estamos acostumbradas a las múltiples crisis que llevamos acumuladas: deuda externa, el neoliberalismo, la crisis ecológica, y en Colombia, todo esto atravesado por el conflicto armado y social. También hemos visto un augmento de la violencia callejera, la violencia policial, la violencia machista, como decía María, todavía no estamos dimensionando el impacto de la crisis.

MP: La red Defender a quien defiende, en la que participamos, hace un mapeo de represión, recorte de libertades relativas al derecho a la protesta. Y recientemente empezamos a plantearnos ver qué ha pasado a nivel legal porque con el estado de alarma, los toques de queda y la centralización del poder ha generado un movimiento de BOEs arriba y abajo que han significado un cierre de los derechos civiles y políticos muy fuerte.

Cuando estábamos muchas en casa encerradas no lo hemos notado, pero se han utilizado para reprimir también movilizaciones, protestas o actividades de han dejado de estar permitidas, por ejemplo el reparto de material y alimentos de las cajas de apoyo que han sido identificadas por la policía. Cuánto de conscientes somos de lo que ha significado a nivel ley la implantación de los estados de alarma, del toque de queda, sumándose a la previa ley mordaza que también se ha empezada a aplicar de manera sistemática?

 

Es difícil salirnos del contexto actual, pero más allá de la pandemia, hay muchos colectivos que sistemáticamente quedan excluidos de la posibilidad de financiación, o de empleo, o hasta encuentran trabas administrativas para funcionar. ¿Qué barreras habéis encontrado en vuestro camino?

MP: En nuestros inicios había feministas que nos decían que no hacía falta dinero para hacer activismo. Hasta que nos topamos con un movimiento que sí necesitaba recursos: el movimiento de las mujeres migradas y racializadas, y de ahí te gira la cabeza, porque las que decían que no necesitaban dinero eran mis amigas queridas feministas blancas de clase media, con sus estructuras sólidas, sus casas para reunirse, y desde ahí es muy fácil decir que “para el activismo no hace falta dinero».

A estas alturas estos debates los hemos superado, sabemos que con dinero conseguimos mayor impacto, y que no hace falta dinero para todo. Pero si nos ponemos a hablar de recursos financieros para entidades o organizaciones cooperativas de mujeres y concretamente de mujeres migrantes, hay un gran déficit a la hora de acceder a los recursos y poder montar iniciativas como La Comala.

Las bancas éticas y las cooperativas de finanzas también están pidiendo cierto aval económico, cierta solidez económica para darte un crédito. Y para iniciativas que parten de cero, ese aval es muy difícil de conseguir. Con el fondo mutual de rESSistencia en construcción pensamos en la posibilidad de, además de conseguir los recursos para donarlos como ayudas a fondo perdido, que esta red que montemos funcione de aval (gracias a la solidez económica de Calala) ante las entidades que podrían financiarnos.

MR: Hay una anécdota muy particular que vivimos en La Comala. Nosotras normalmente hacemos servicios de unas dos horas en cada lugar, además de algunos servicios de “limpieza profunda”. Para ello, necesitamos material: queremos comprar unos equipos para tecnificar el trabajo (aspiradoras industriales, etc) que nos facilite la tarea y cuidarnos de posibles enfermedades laborales. En definitiva, para dignificar nuestro trabajo. También un coche para trasladarnos tanto entre servicios como para las compañeras que viven en la periferia.

Fuimos a un banco ético, alternativo al comercial. La primera traba fueron los avales económicos, y la siguiente fue el modelo de coche: tenía que ser híbrido, ecológico, para encajar en los criterios de sostenibilidad. ¿Cuánto costaba eso? 30.000 euros. No tenemos el aval y mucho menos la capacidad de meternos en una deuda tan grande. Entonces, qué proyectos encajan en los criterios para estos préstamos?

Coincidimos que es importante la sostenibilidad ecológica, y por ahí tiene que ir la apuesta, pero no nos puede ir a la contra. Nos movemos todavía en una realidad en qué esto no es posible para todas. Después de esa experiencia sentíamos como si nos hubiéramos equivocado de lugar, y nos generó una reflexión profunda: ¿Cuándo podremos nosotras -o cualquier iniciativa pequeña con tan poca capacidad económica- acceder a la financiación o otras facilidades para la ESS?

Mercedes Rodríguez, La Comala: «Hay que generar alternativa, pero hay que seguir en el trabajo de incidencia para cambiar las lógicas también dentro de la ESS que son excluyentes».

A mi me gusta hablar, más que de Economía Social y Solidaria, de Economía Social y Feminista, porque creo que las mujeres somos las que estamos cambiando esas lógicas, estamos cambiando el mundo. Aunque ahora no podamos verlo porque estamos inmersas en esas transformaciones, cuando hacemos genealogía de los feminismos, vemos que sí lo estamos haciendo, y por eso hay tanta tensión desde el poder. Estamos incomodando, y hay que seguir por ahí, persistir.

 

Para cerrar, contadnos los proyectos tenéis en marcha ahora, o cómo contactar con vosotras y el tipo de trabajo que hacéis.

MR: Nosotras a través de una alianza con Abierto al Amanecer, logramos que nos asignaran 12 horas de trabajo semanales para dedicar al fortalecimiento de La Comala. Esto nos servirá para actualizar el plan de empresa, tener un plan de márketing, tener un plan de prevención de riesgos laborales que responda a la realidad del trabajo de los cuidados y doméstico, y gracias a eso hemos podido ponernos a trabajar en ellas, fortaleciendo nuestras habilidades individuales y colectivas.

Para nosotras la salida es por ahí, porque sabemos que juntas somos más fuertes, y que la formación es muy importante para demostrar que podemos cambiar y ampliar la mirada a eso que decíamos antes: los cuidados tienen que estar en el centro, y hacer de eso una praxis, no solo un discurso.

María: En Calala tenemos una campaña en marcha, “Viva mi feminismo”. En ella explicamos el trabajo que hacemos, y queremos compilar la solidaridad y el apoyo de mujeres en Estado español que se concrete donando a Calala. Ante la crisis tuvimos que reaccionar rápidamente, cambiamos el destino de nuestros fondos para responder a las solicitudes que nos venían, y cuando eso lo hacemos con un dinero que la gente nos da porque confía en nosotras y en nuestro trabajo, es la mejor manera, porque no tenemos que estar dando explicaciones a nadie, ni a la administración ni a entidades privadas.

Además, como ya hemos comentado, tenemos en marcha el Fondo de Resistencia que sale un poco de nuestros esquemas, porque promovemos la autoorganizacion de las mujeres, pero en momentos de crisis pensamos que el sector de la Economía feminista no se podía dejar caer. La idea es recaudar grandes donaciones de dinero que pediremos a fundaciones, empresas privadas y también a individuales, para después repartirlo entre las organizaciones, después de un proceso participativo.

MR: Para la Comala también es una apuesta estar en esta construcción mutua de un fondo común que nos haga más fuertes. No tiene todo por qué ser a fondo perdido, sino que también pueda haber un fondo solidario que se vaya sosteniendo permanente mediante préstamos para solventar situaciones sobrevenidas o para apoyar iniciativas en su proceso de gestación en medio de un sistema, patriarcal, racista y depredador que no nos lo pone nada fácil.

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