Las finanzas éticas se explican con datos: cinco claves del Informe de Impacto 2026 de Banca Etica
¿Qué hace un banco ético con el dinero que depositamos en él?
De Sara García Martín¿Qué hace un banco con el dinero que depositamos en él? La respuesta suele resumirse en balances, beneficios o indicadores de sostenibilidad. Sin embargo, el nuevo Informe de Impacto 2026 de Banca Etica plantea otra pregunta: ¿qué cambios sociales y ambientales generan los proyectos que se financian con ese dinero?
Más allá de medir su propia sostenibilidad (emisiones de oficinas, políticas internas, riesgos ESG), el informe pone el foco en el destino del crédito y en cómo este puede traducirse en empleo, inclusión social, transición ecológica o participación ciudadana. No se trata de una obligación legal, sino de un ejercicio voluntario de transparencia que, como señala el propio documento, pretende dar testimonio de «la atención constante que Banca Etica presta a las consecuencias no económicas de las acciones económicas».
Estas son cinco de las claves que ayudan a entender qué diferencia el modelo de banca ética que refleja este informe.
Los valores no están solo en el prólogo: forman parte de los Estatutos
Los valores que aparecen en sus primeras páginas no son una declaración institucional redactada para esta publicación. Forman parte del artículo 5 de los Estatutos de Banca Etica, donde se establece que «las finanzas con orientación ética son sensibles a las consecuencias no económicas de las acciones económicas», que «el crédito, en todas sus formas, es un derecho humano» y que el beneficio obtenido debe ser «consecuencia de actividades orientadas al bien común» y distribuirse equitativamente entre quienes participan en su generación.
No es un matiz menor. Cuando esos principios forman parte del marco estatutario de una entidad dejan de ser una declaración de intenciones para convertirse en el criterio que orienta su actividad. Igualmente, que el informe dedique un capítulo entero a explicar qué entiende la entidad por impacto y cómo espera generarlo, con su propia teoría del cambio, es la prueba de que el documento no está justificando una actividad financiera ordinaria a posteriori, sino describiendo el mecanismo que la hace posible.

El crédito como derecho, no como producto
El principio del «crédito como derecho humano» se traduce en decisiones concretas. Banca Etica financia a personas en riesgo de exclusión financiera entre ellas personas desempleadas, personas inmigrantes procedentes de países del sur global, jóvenes o personas con menor nivel de estudios. En 2025, estas categorías representaron el 69,8 % de la clientela del banco y el 78,6 % de los nuevos préstamos a particulares tuvo un impacto positivo identificable. Asimismo, el 25,5% de las personas financiadas procedían de fuera de Italia o España, en línea con una de las afirmaciones que recoge el propio informe: «En Banca Etica nadie es extranjero».
Esta forma de entender el crédito también se refleja en los resultados. Durante 2025, la financiación concedida permitió crear 1.786 nuevos puestos de trabajo y preservar 2.103 empleos mediante procesos de Workers BuyOut, que facilitan que empresas en crisis pasen a ser gestionadas por sus propias personas trabajadoras en forma de cooperativa.
Lo que no se financia también define un modelo de banca
Otro valor que el informe hace visible es la coherencia entre lo que se dice y lo que se financia. El informe muestra cómo esa concepción del crédito se traduce en la política de financiación. Determinados sectores quedan excluidos de la actividad del banco (como la producción y comercialización de armas, la explotación del trabajo infantil, la ganadería intensiva o los juegos de azar), mientras que otros reciben un trato preferente, entre ellos la agricultura ecológica, las energías renovables, la cooperación internacional, el comercio justo o los sistemas de bienestar.
A veces se habla de «criterios de exclusión» en términos de gestión de riesgo reputacional; aquí son una consecuencia directa de sostener que «el beneficio obtenido por la posesión e intercambio de dinero debe ser consecuencia de actividades orientadas al bien común«, tal y como reza el artículo 5 de sus Estatutos.
La transparencia y la participación como valores operativos
Dos valores más atraviesan el documento: la transparencia máxima de todas las operaciones y el fomento de la participación en las decisiones. Ambos se materializan en la figura de las personas evaluadoras sociales: personas socias voluntarias del banco, con al menos un año de antigüedad, que se forman específicamente para verificar sobre el terreno la actividad de quien solicita un crédito. En 2025 hicieron posible que el 99,7 % de las financiaciones aprobadas a personas jurídicas se sometieran a una evaluación socioambiental. Un mecanismo que convierte la participación de la base social en un elemento integrado en la evaluación del impacto de los proyectos.

El dinero también puede medirse por el impacto que genera
Uno de los conceptos más sugerentes del informe es el denominado «dividendo socioambiental». Si las entidades financieras acostumbran a informar de la rentabilidad económica del capital invertido, Banca Etica propone medir también qué beneficios sociales y ambientales hace posible esa inversión. Así, calcula qué impacto pueden generar 1.000 euros invertidos en capital social: desde la recuperación de 669 toneladas de residuos, el cultivo de 25,6 hectáreas de agricultura ecológica, la atención a 19 personas en proyectos socioeducativos o la participación de 1.700 personas en actividades culturales.
A esa fotografía se suman otros resultados del ejercicio: los proyectos financiados permitieron atender a 179.000 personas mediante servicios sanitarios, sociales y socioeducativos, facilitaron la acogida de 8.011 personas migrantes y evitarán la emisión anual de alrededor de 22.000 toneladas de CO₂ gracias a iniciativas vinculadas a la transición ecológica. Estas cifras avalan las palabras iniciales de Aldo Soldi, presidente de Banca Etica: «el valor del dinero se mide por la calidad del mundo que ayuda a construir».
Una forma diferente de entender la actividad financiera
La mayoría de los informes de sostenibilidad convencionales explican cómo una entidad gestiona o reduce los impactos derivados de su actividad. El informe de impacto de Banca Etica documenta lo contrario: una actividad financiera diseñada, desde su definición estatutaria, para producir los efectos deseados. Esa inversión del punto de partida constituye la definición misma de las finanzas éticas que este informe demuestra con datos.
Más que responder únicamente a cuánto financia o cuánto crece una entidad, el documento invita a preguntarse qué hace posible ese dinero. Habla de empleo, de inclusión, de vivienda, de cultura, de transición ecológica y de comunidades fortalecidas. En ese recorrido del ahorro hacia la economía real reside una de las características que mejor ayudan a comprender el sentido de las finanzas éticas.