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Parte 1
Finanzas Eticas

Las finanzas sostenibles no sacrifican la rentabilidad. Lo dicen los datos

Adoptar criterios de sostenibilidad no significa sacrificar, total o parcialmente, la rentabilidad.

De Valentina Neri, periodista
La imagen ha sido creada por la redacción de Valori.it con Midjourney.

Según la administración estadounidense de Donald Trump, quien invierte teniendo en cuenta criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ESG) corre el riesgo de traicionar su deber fiduciario: en lugar de buscar la mejor rentabilidad posible para los ahorradores, utiliza su dinero para perseguir una causa política.

Es uno de los leitmotiv de la ofensiva anti-ESG en la que los republicanos llevan años empeñados, hasta el punto de, entre otras cosas, excluir de la gestión de los fondos públicos a las entidades financieras acusadas de boicotear los combustibles fósiles. Esta hostilidad descansa sobre una premisa que se da por inevitable: que adoptar criterios de sostenibilidad significa sacrificar, total o parcialmente, la rentabilidad. Sin embargo, los estudios realizados hasta ahora sugieren que la realidad tiene muchos más matices.

Fondos ESG y tradicionales: la rentabilidad del primer semestre de 2026

El estudio más reciente es el informe Sustainable Reality, en el que Morgan Stanley analiza más de 99.000 fondos de todo el mundo y compara los etiquetados como sostenibles con los tradicionales. A finales de junio de 2026, el patrimonio mundial de los fondos ESG alcanzó el récord de 4,24 billones de dólares. Aun así, su peso sobre el patrimonio total bajó del 7,2% de 2023 al 6,1%, porque los fondos tradicionales siguen captando más dinero.

Europa sigue siendo el epicentro del sector. Los fondos sostenibles domiciliados en el Viejo Continente representan el 87% del patrimonio mundial de la categoría y captaron 43.900 millones de dólares en el primer semestre de 2026, casi todos en los tres primeros meses del año. En Norteamérica, en cambio, el primer trimestre volvió a cerrarse en negativo, mientras que en el segundo llegaron 3.100 millones de dólares de entradas, que pusieron fin a más de tres años de salidas.

Si se observan las rentabilidades medianas, los fondos ESG alcanzaron un +4,9% en el primer semestre del año, frente al +4% de los tradicionales. Interpretar este adelantamiento como una superioridad de los fondos sostenibles, sin embargo, sería engañoso. Ha influido sobre todo la buena marcha de los mercados de renta variable, ya que el 56% de los fondos sostenibles invierte en acciones, frente al 41% de los tradicionales. De hecho, si se desglosa el conjunto, la rentabilidad mediana de los fondos de renta variable sostenibles se situó en el +9%, frente al +8,6% de los tradicionales. Los fondos de renta fija sostenibles, en cambio, registraron un -1,3%, un resultado peor que el +1,3% de los fondos de renta fija tradicionales.

A largo plazo, los fondos sostenibles mantienen el ritmo

Para analizar la rentabilidad de los fondos ESG, sin embargo, no basta con un solo semestre. La diferencia fundamental está en la filosofía de fondo: las inversiones sostenibles aspiran a generar valor a medio y largo plazo, en lugar de perseguir beneficios inmediatos. La Autoridad Europea de Valores y Mercados (ESMA) realizó un análisis de los productos financieros minoristas en el quinquenio 2020-2024 y constató que los fondos ESG obtuvieron una rentabilidad media neta anual del 5,5%, frente al 5% de los no ESG. También en este caso, sin embargo, el resultado global de los fondos ESG se debe a los fondos de renta variable que no son ETF (exchange traded fund). Por el contrario, los de renta fija, los mixtos y los ETF de renta variable registraron rentabilidades peores que sus equivalentes no ESG.

El tema también se ha estudiado en el ámbito académico. Un metaanálisis identificó 5.845 publicaciones científicas dedicadas a la inversión socialmente responsable y seleccionó 153 que contenían análisis empíricos. El resultado es bastante claro: de media, estas inversiones no rinden ni más ni menos que la cartera de mercado utilizada como referencia. La principal diferencia tiene que ver con el área geográfica: las carteras sostenibles que invierten a escala mundial rinden más que las limitadas a una sola región. Los autores señalan además que cuanto más tiene en cuenta el análisis los distintos factores que pueden influir en la rentabilidad, menos diferencia aparece entre las inversiones sostenibles y las demás.

Los efectos ambientales y sociales que la rentabilidad no muestra

Los datos muestran, por tanto, que invertir de forma sostenible no significa automáticamente sacrificar la rentabilidad. Ni tampoco lo contrario. Entre los fondos ESG y los que no lo son no hay un “ganador” absoluto, porque los resultados dependen de una larga serie de factores, empezando por la composición de los propios fondos y las condiciones del mercado. Esto, si nos quedamos en la rentabilidad financiera pura. Después se abre un capítulo mucho más amplio: el de los efectos sociales y ambientales de esas inversiones.

La edición 2026 del informe «Investing in Climate Chaos« revela que 8.400 gestoras de activos, fondos de pensiones, fondos soberanos, aseguradoras, fundaciones y hedge funds poseen en conjunto más de 6,5 billones de dólares invertidos en empresas de combustibles fósiles, en forma de acciones y bonos. De esos 6,5 billones, más del 95% va a empresas que siguen buscando o explotando nuevos yacimientos, o que proyectan gasoductos, terminales y centrales. En resumen, a perpetuar el sector que más contribuye a la crisis climática. Una crisis que tiene también un coste estrictamente económico, además de ambiental y humano. Según la red de bancos centrales Network for Greening the Financial System (NGFS), de aquí a 2050 podría hacer desaparecer el 15% del PIB mundial.

Es solo uno de los muchos ejemplos de las llamadas externalidades negativas. Un razonamiento similar podría aplicarse a las armas, hoy ensalzadas por la propia Comisión Europea, o a las empresas cuyos beneficios se sostienen sobre el trabajo forzoso o la explotación a lo largo de las cadenas de suministro. Cuando se compara la rentabilidad financiera de los fondos, estas repercusiones son invisibles. Si entraran en el cálculo, el resultado podría ser muy distinto.

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