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Parte 2
Emergencia Climática

El coste de la inacción climática asusta, pero no moviliza

¿Cuánto cuesta prolongar un statu quo económico y financiero cuya insostenibilidad está demostrada desde hace tiempo?

De Andrea di Turi
La imagen ha sido creada por la redacción de Valori.it con Midjourney.

Quienes siguen preguntándose cuánto cuesta la transición ecológica suelen hacerlo porque no la quieren. La verdadera pregunta es cuánto cuesta prolongar un statu quo económico y financiero cuya insostenibilidad está demostrada desde hace tiempo. Porque los costes de la inacción son infinitamente superiores a los de la transición. Los estudios y las evidencias al respecto se han ido acumulando a lo largo de los años. Repasamos algunos de ellos.

Desde el punto de vista financiero, hay que empezar por los estudios sobre los «activos varados» (stranded assets) y la burbuja del carbono elaborados a principios de la década de 2010 por el centro de estudios británico Carbon Tracker. Su informe pionero,  titulado «Unburnable Carbon», se publicó en 2011. Para comprender su importancia, basta señalar que impulsaron el movimiento de desinversión en combustibles fósiles, la mayor movilización surgida desde la sociedad civil en toda la historia de las finanzas sostenibles. Según Christiana Figueres, entonces secretaria ejecutiva de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), este movimiento fue fundamental para alcanzar el Acuerdo de París.

Los costes de la inacción climática para las finanzas: los activos varados

Los «activos varados», son aquellos que ya no pueden generar la rentabilidad esperada y están destinados a convertirse en pérdidas para quienes han invertido en ellos. Si el mundo se tomara en serio la transición, todas las actividades con una elevada intensidad de emisiones, empezando por la industria de los combustibles fósiles, deberían eliminarse progresivamente. Las reservas de combustibles fósiles y los yacimientos quedarían sin explotar. Su valor se desplomaría: por eso puede considerarse que su valoración actual está «inflada», de ahí el nombre de burbuja del carbono.

Es cierto que, con las turbulencias geopolíticas de los últimos años, quienes han invertido en la industria de los combustibles fósiles han obtenido rentabilidades extraordinarias. Pero, a medio y largo plazo, mantenerse al margen parece la opción más prudente. En 2021, un conocido informe del Instituto Rousseau, Amigos de la Tierra Francia y Reclaim Finance calificaba los activos fósiles como los nuevos subprime. Calculaba que los principales bancos europeos poseían más de 500.000 millones de euros en estos activos, una cantidad equivalente, de media, al 95 % de sus fondos propios. Y advertía de que un desplome repentino de su valor podría desencadenar una crisis financiera como la de 2007-2008, provocada precisamente por las hipotecas subprime.

Más recientemente, la alerta ha llegado del Foro de Inversión y Finanzas Sostenibles del Reino Unido (UKSIF). Según un estudio de esta organización, de aquí a 2040 la exposición económica global al riesgo de que estos activos queden varados alcanzará casi los 2,3 billones de dólares.

Los daños climáticos a la economía mundial

Si las finanzas deben lidiar con el problema de los activos varados, a la economía en su conjunto no le va mejor. En 2024, un análisis del Foro Económico Mundial estimaba que, de aquí a 2050, los desastres naturales, intensificados por el cambio climático, podrían causar pérdidas de 12,5 billones de dólares. Si se amplía el horizonte temporal, el panorama empeora. En 2025, el Instituto y Facultad de Actuarios (IFoA), la asociación profesional de actuarios británicos, advirtió de que el PIB mundial podría reducirse a la mitad entre 2070 y 2090. Salvo que se produzca un cambio radical en las políticas climáticas: hoy no hay señales de ello; para entonces, quién sabe.

Que la economía basada en los combustibles fósiles piensa a muy corto plazo (o, más bien, que actúa a ciegas) también lo muestra un estudio reciente de un investigador del Imperial College de Londres. El trabajo analiza dos proyectos de extracción de petróleo y gas muy controvertidos en el Reino Unido: Rosebank y Jackdaw. Sus beneficios económicos superarían los 28.000 millones de libras. Pero los daños causados por la contaminación asociada a esa producción serían mucho mayores: entre 119.000 y 336.000 millones de libras durante las próximas décadas.

No solo las previsiones asustan. Basta con calcular el coste de lo que ya ha sucedido para llevarse las manos a la cabeza. Según la ONG británica Christian Aid, los peores desastres climáticos de 2025 provocaron daños por más de 120.000 millones de dólares. Una cifra que, sin duda, seguirá aumentando con el tiempo.

Para quienes tienen ahorros, la conclusión es sencilla: los costes de la inacción no son un problema del mañana. Elegir hoy productos financieros que excluyan los combustibles fósiles, como hacen las finanzas éticas, significa proteger el clima. Y también el propio dinero frente a la próxima burbuja.

El dinero no lo es todo. Hay vida más allá del crecimiento económico

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