La ayuda al desarrollo entra en retroceso: menos fondos, más necesidades y un sistema bajo presión
La Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) atraviesa uno de los momentos más delicados de las últimas décadas. Tres informes recientes coinciden en señ...
De valorsocialLa Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) atraviesa uno de los momentos más delicados de las últimas décadas. Tres informes recientes coinciden en señalar una tendencia preocupante: aumentan las crisis humanitarias en el mundo pero los recursos destinados a cooperación disminuyen y el sistema muestra signos de desgaste estructural.
Según el informe preliminar de la OCDE sobre los niveles de Ayuda Oficial al Desarrollo en 2025, el volumen total de AOD se situó, el pasado año, en 174.300 millones de dólares, equivalente al 0,26% del ingreso nacional bruto de los países donantes, lo que supone un descenso del 23,1% en términos reales respecto a 2024. Este retroceso no es puntual: rompe la tendencia de crecimiento que se había consolidado entre 2019 y 2023 y devuelve los niveles de ayuda a los del inicio de la Agenda 2030. La contracción, además, se concentra en pocos actores. Los cinco principales donantes (Alemania, Estados Unidos, Reino Unido, Japón y Francia) representaron el 95,7 % de la disminución total de la AOD. El recorte de Estados Unidos es especialmente significativo con una caída de su AOD del 56,9 % en comparación con 2024.

Las contribuciones a Naciones Unidas disminuyeronun 27%
La merma de los recursos afecta tanto a las partidas más visibles como a las estructurales. La financiación para programas y proyectos de desarrollo se redujo un 26,3%, el mayor descenso registrado, mientras que la ayuda humanitaria cayó un 35,8% y las contribuciones básicas al sistema de Naciones Unidas un 27%, también en niveles récord. En paralelo, la ayuda multilateral acumula dos años consecutivos de descenso (-12,7% en 2025), lo que apunta a un debilitamiento del sistema internacional de cooperación. Este contexto tiene efectos desiguales: la ayuda a África y a los países menos desarrollados cayó en torno a una cuarta parte, mientras Ucrania concentró volúmenes récord de financiación, especialmente a través de las instituciones europeas. La OCDE advierte además de un cambio en el modelo (con un aumento de instrumentos vinculados al sector privado) y de un escenario de incertidumbre: la AOD podría seguir reduciéndose en 2026.
El informe anual «AidWatch 2025″ de la red europea de ONG – CONCORD, publicado en octubre de 2025, ya advertía de un cambio de tendencia en la cooperación internacional. Señalaba que la AOD estaba entrando en una fase de debilitamiento debido a decisiones políticas y a la priorización de intereses nacionales por parte de los países donantes. Junto a este diagnóstico, CONCORD plantea una agenda clara de recomendaciones para reorientar el sistema. Por un lado, reclama revertir los recortes y avanzar hacia el compromiso del 0,7% de la renta nacional destinado a ayuda, así como garantizar que la AOD esté realmente enfocada en la reducción de la pobreza y las desigualdades. Por otro, insiste en la necesidad de mejorar la calidad y la integridad de la ayuda, evitando prácticas que distorsionan las cifras (como incluir fondos no orientados al desarrollo, por ejemplo, gastos internos o intereses de los países donantes) y reforzando el peso de subvenciones frente a instrumentos que generan deuda. Además, propone reformar la gobernanza del sistema, dando mayor protagonismo a los países del Sur global y asegurando que la cooperación responda a sus prioridades, junto con un refuerzo del enfoque de derechos humanos, igualdad de género y coherencia de políticas para el desarrollo.
España: compromiso político, pero estancamiento en financiación
El informe Aidwatch 2025 analiza la situación de España en materia de AOD. Describe una situación marcada por el contraste entre el discurso político y la realidad presupuestaria. España se encuentra en un proceso de recuperación gradual tras el desplome de su cooperación en la década pasada, cuando la AOD cayó del 0,46% de la renta nacional en 2009 al 0,15% en 2012. La nueva Ley de Cooperación, aprobada en 2023, establece el objetivo de alcanzar el 0,7% en 2030, lo que refleja un amplio consenso político sobre la importancia de esta política pública. Sin embargo, los datos actuales muestran un estancamiento: la AOD apenas alcanza el 0,27%, con un aumento leve, lejos del objetivo comprometido y por debajo de la media europea (0,42%). Por eso, el informe señala una “distancia significativa entre compromiso y cumplimiento”.

Los efectos de este contexto global se reflejan en el funcionamiento de las organizaciones. El Informe del Sector de las ONGD 2025, presentado recientemente por la Coordinadora de Organizaciones para el Desarrollo, muestra la dimensión y capacidad de intervención de la cooperación española en un contexto internacional marcado por crisis múltiples. Más de 600 organizaciones trabajan en 100 países y desarrollaron en 2024 un total de 4.322 proyectos, alcanzando a 58,4 millones de personas, una cifra que ha crecido en los últimos años.
Sin embargo, este aumento de actividad convive con tensiones internas relevantes. El empleo en las ONGD se sitúa en 7.168 personas, uno de los niveles más bajos desde 2008, tras una pérdida de más de 2.200 puestos desde la pandemia. Al mismo tiempo, el modelo organizativo evoluciona hacia una mayor contratación de personal local y una fuerte dependencia de financiación pública, que supone el 60,5% de los ingresos, con un peso destacado de organismos internacionales y europeos frente a la aportación estatal. En paralelo, la financiación privada tradicional muestra signos de debilitamiento, mientras que el apoyo social se mantiene sólido, con 2,61 millones de personas y entidades colaboradoras y cerca de 18.000 personas voluntarias, lo que evidencia una base social amplia que sostiene la acción del sector.
En conjunto, los tres informes dibujan un escenario de creciente tensión para la cooperación internacional. La caída de la ayuda, el debilitamiento del sistema multilateral y la distancia entre compromisos y financiación real (también en el caso español) coinciden con un sector de ONGD que mantiene su capacidad de intervención, pero con menos estructura y mayor dependencia externa. Este desajuste entre necesidades y recursos plantea interrogantes sobre la capacidad del sistema de cooperación para sostener su papel en el desarrollo global en los próximos años.