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Microcréditos en España. Una panorámica a raíz de los 35 años del Fondo de Solidaridad

La organización granadina, más de tres décadas después, sigue con el propósito inicial: apoyar proyectos que combaten el paro y ...

De valorsocial

La organización granadina, más de tres décadas después, sigue con el propósito inicial: apoyar proyectos que combaten el paro y la pobreza. Además ampliamos la mirada al mapa de microcréditos en el Estado.

La década entre 1975 y 1985 marcó época en España si hablamos de trabajo y todo lo que lo rodea -sindicatos, leyes laborales, y también paro-. La capacidad de organización y mobilización del movimiento obrero a nivel estatal logró presionar a los gobiernos de una incipiente democracia para negociar pactos y acuerdos -aunque más tarde se quedarían pequeños, y el aparente pacto social establecido se quebraría a finales de la década con una huelga masiva el 14D de 1988-.

Por ejemplo, se aprobó la Ley de Relaciones Laborales, con la que se regularon los contratos de trabajo y la negociación colectiva. O la Ley Sindical, gracias a la cual se pusieron en el mapa los sindicatos libres, y el derecho a huelga fue regulado. También fueron importantes los famosos Pactos de la Moncloa, que a la larga dieron pie a la aparición del Estatuto de los Trabajadores en 1980 -tan modificado y vejado ya, pero todavía el marco legal que ampara las trabajadoras hoy-.

Pero si hubo algo que marcó los años 80s fue, sobre todo, el paro. La tasa de desempleo se disparó, y todavía hoy no se cuenta un momento en el Estado español en que haya crecido en términos relativos como lo hizo en esos diez años.

35 años de Fondo de Solidaridad en Granada

En ese momento, en que la organización social y entorno el trabajo empezaba a volver a tomar forma, y el desarrollismo franquista empezaba a hacer fallida multiplicando por cinco la gente que se quedaba en la calle (pasaron de ser 600.000 a tres millones de personas), nació en Granada el Fondo de Solidaridad Paz y Esperanza. Esta organización sin ánimo de lucro se fundó, como cuenta Beatriz Oliver, una de sus integrantes, luchar contra “el paro y la exclusión social” a través de “ayudas de emergencia”: personas que tenían un trabajo fijo que se plantearon hacer aportaciones mensuales para contribuir.

Tienda de moda y complementos de Senegal, en Granada. Uno de los proyectos finanzados por el Fondo de Solidaridad Paz y Esperanza.

“En los inicios funcionaba a depósito, la gente dejaba ese dinero sin ningún interés y lo podía rescatar cuando lo necesita”, cuenta Oliver. A partir de eso hicieron las ayudas reintegrables, es decir, a proyectos que necesitan un impulso económico, y que se prevee que después devolverán el crédito. “Todas las peticiones de ayudas tienen que venir con un aval de un socio que conoce a la persona, lo que llamamos el aval social”, así explica Beatriz el método mediante el cual se puede acceder a las ayudas.

Desde los comienzos, su labor ha sido la de “promover y ayudar” a personas familias y grupos marginales, financiando proyectos que incentiven con la inserción laboral de colectivos en situación de pobreza, ya sean iniciativas impulsadas por personas de estos colectivos, en el marco de la economía social y el autoempleo. En definitiva, como lo nombra Oliver, tender una mano a “la personas excluidas del crédito bancario”.

Puedes conocer aquí los proyectos financiados del Fondo.

Lo hacen a través de microcréditos que se nutren de los recursos económicos que llegan de distintas formas: de las personas socias, que bien pueden pagar cuotas periódicas o hacer depósitos temporales; también reciben aportaciones y donaciones a fondo perdido. En total, actualmente hay 200 integrantes del Fondo. La Asamblea General de socias y socios y la junta directiva son los órganos que gestionan el fondo y atribuyen los microcréditos a los proyectos.

Ahora, que hace ya 35 años de su fundación, desde el Fondo lo celebraron el 25 y 26 de octubre. Para elloorganizaron las Jornadas sobre finanzas éticas y solidarias en Granada.

El contexto sociopolítico y los microcréditos

Como el Fondo, hubieron más iniciativas. En ese contexto de crisis económica se fue creando un tejido asociativo que respondía a las necesidades derivadas de la situación de desempleo. En Andalucía, por ejemplo, Oliver cuenta que había más colectivos parecidos al Fondo de Solidaridad. Algunos que “ya fueron”, como la Alcancía de Cádiz, o la Asociación por un Interés Solidario, y otros que siguen, como el Fondo Solidario del Puerto en Cádiz.

Ahora, además del local, hay una conexión de estas iniciativas a nivel estatal a través de REFAS, la red de Finanzas Alternativas y Solidarias. “Cada entidad tiene su perfil, nosotras surgimos en un contexto determinado, pero las que están naciendo ahora lo hacen por cuestiones distintas: ya no surgen para ofrecer ayuda de emergencia como hicimos nosotras en su momento” analiza Oliver, pero sí coinciden en la función que tienen. Están enfocadas en fomentar el empleo, y siempre “acompañándose de procesos de inserción laboral”.

Todavía más al sur

Mientras espacios como el Fondo son respuestas locales que inciden en el tejido asociativo y económico en el territorio, la panorámica de microcréditos también ha ampliado su enfoque hacia proyectos internacionales. En España hay dos entidades importantes que trabajan con microfinanzas en países del Sur Global. Una de ellas es Microfides, que trabaja con actores impulsores de Ecuador, Perú, Honduras, Senegal y Benín, para combatir la pobreza y la exclusión, y con muchos de los proyectos que apuestan por un enfoque de género.

Cifras más importantes del informe de Impacto de Oikocredit (2019)

También está la holandesa Oikocredit, que tiene asociaciones en diferentes lugares del territorio español, y financia entidades que trabajan en microcréditos en zonas rurales, apoyando la creación de cooperativas agrícolas y a productores locales. Tal como refleja el informe de impacto que realizaron este 2019, se pudo financiar a 684 socias.

Las dos cooperativas coinciden en su apoyo a proyectos locales en territorios empobrecidos a través de pequeñas cantidades de líquido, que a su vez pueden llegar a representar un gran abono para que los proyectos que de otra manera no hubieran conseguido un crédito, puedan tenerlo.

Después de más de tres décadas

Los fondos de microcréditos pueden ayudar a superar la barrera que supone para muchas el acceso al crédito. El contexto de principios de los 80s es muy esclarecedor para entender como surgieron los grupos como el Fondo Solidario Paz y Esperanza. Y ahora, Beatriz Oliver comenta que se ha dado cuenta que “después de tres décadas, vuelve a surgir una situación parecida: vuelve a haber muchas personas excluidas del crédito bancario”.

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