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Consecuencias del alto precio de los alimentos

En diciembre de 2022 , el índice del precio de los alimentos cayó por noveno mes consecutivo. Así lo comunicó la Organización de las Naciones Unidas ...

Di Valentina Neri
Un mercado de alimentos en Kenia © Banco Mundial/Sambrian Mbaabu
En diciembre de 2022 , el índice del precio de los alimentos cayó por noveno mes consecutivo. Así lo comunicó la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO). De hecho, se situó en 132,4 puntos, (2,6 menos que el mes anterior). Pero no hay nada que celebrar, porque la media anual de 2022 fue la más alta de la historia: 143,7 puntos. Ni siquiera en plena Primavera Árabe, con la ola de especulaciones alimentarias, se había llegado tan lejos.
Récord del índice de precios de los alimentos en 2022

El pico absoluto del índice del precio de los alimentos se alcanzó en primavera, con el estallido de la guerra en Ucrania. En particular, el repunte se produjo por los precios de los cereales y los aceites vegetales, ambos productos de los que Rusia y Ucrania son -o mejor dicho, fueron- grandes exportadores.

A pesar del descenso paulatino de los precios partir de junio, 2022 ha sido un año récord, en el que los alimentos -bienes esenciales por definición- alcanzaron precios nunca antes vistos. “El hecho de que los precios de los productos alimentarios se hayan calmado es positivo”, comenta el economista jefe de la FAO, Máximo Torero, quien insta, sin embargo, a no bajar la guardia. “Es importante permanecer alerta y mantener un fuerte enfoque en mitigar la inseguridad alimentaria económica global”, continuó, «más aún con muchos productos básicos cerca de máximos históricos, precios del arroz en aumento y aún muchos riesgos asociados con los suministros futuros”.

Las consecuencias para la gente común

Pero, ¿qué significa todo esto para la gente común ? Las consecuencias de un aumento tan fuerte y duradero de los precios de los alimentos afectan a todos. Así, mientras en Canadá hay una discusión en Twitter sobre cinco pechugas de pollo puestas a la venta a 37 dólares canadienses, en España el Gobierno ha suprimido desde el 1 de enero de 2023 el Impuesto sobre el Valor Añadido (IVA) de los productos que ya tenían el tipo reducido del 4% y, además, ha bajado del 10% al 5% el IVA de los aceites, incluido el de oliva, y las pastas. De esta forma se pretende aliviar la situación de las familias, especialmente la de aquellas con bajos ingresos, que dedican una parte mayor de su renta a adquirir esos bienes.

El impacto de la crisis alimentaria en África

En los países en desarrollo los sacrificios son aún mayores. Incluso antes de esta crisis, una familia media en el África subsahariana gastaba aproximadamente la mitad de sus ingresos en alimentos y energía . El 23,2% de la población pasó hambre en 2021; los datos de 2022 solo pueden resultar peores. En un país como Kenia, ya en 2021 siete de cada diez personas declararon no haber tenido suficiente dinero en el año anterior para comprar alimentos para ellos y su familia. Desde abril, el coste de un litro de aceite aumentó un 42% y un paquete de trigo de 2 kg aproximadamente un 25%. Por eso, no es de extrañar que, en vísperas de las pasadas elecciones de agosto (ganadas por William Ruto), etiquetas como #NjaaRevolution («Revolución del hambre») o #NoFoodNoVotes («Sin comida, no hay votos») estuvieran de moda.

De hecho, el hambre, además de ser una injusticia y una emergencia humanitaria, es también un problema político y social . “Un estómago vacío no es un buen consejero político. La política es economía y la economía es pan y mantequilla. Cada vez que un país, una comunidad o una familia corre el riesgo de quedarse sin alimentos, existe el riesgo de inestabilidad sociopolítica”, comenta Victor Kgomoeswana, consultor sudafricano y columnista de The Continent .

En África subsahariana, una familia media gasta aproximadamente la mitad de sus ingresos en alimentos y energía © Banco Mundial / Sambrian Mbaabu

¿Cuánto afecta la especulación a los precios de los alimentos?

Pero, ¿estamos realmente seguros de que este auge de los precios de los alimentos era inevitable? Varias señales, extraídas de una investigación de Lighthouse Reports , sugieren lo contrario. Efectivamente, es cierto que las exportaciones de Rusia y Ucrania han caído, pero también es cierto que otros países han ocupado su lugar. Hoy, a pesar de las guerras y el cambio climático, las reservas de cereales superan en un tercio la cantidad necesaria para alimentar a todos los habitantes del planeta. En resumen, la producción mundial de alimentos ha aumentado pero los precios también han aumentado, rompiendo la ley más básica de la economía, la de la oferta y la demanda. Lo que sucedió cuando estalló la guerra en Ucrania, según la investigación, es que las grandes firmas financieras alentaron a sus clientes a apostar por el aumento de los precios de los alimentos. En resumen, especular.

La llamada especulación, en sí misma, surge de necesidades comprensibles. Imaginemos que un agricultor hace arreglos para que un molinero le venda cierta cantidad de grano a un precio determinado. Sin embargo, existe la posibilidad de que la temporada agrícola vaya mal. Para cubrirse, el molinero vende un contrato por la misma cantidad de trigo en el mercado de futuros . En ese momento, un inversor toma el control y lo compra, apostando al crecimiento del precio: si su predicción se cumple, puede embolsarse la diferencia.

Foto ©iStock

En definitiva, la financiación entra en juego para mantener el margen de riesgo bajo control. Al menos en teoría. Lo que sucede hoy es que casi todos los futuros se negocian entre operadores que no tienen nada que ver con la agricultura, y sin que se produzca ningún intercambio real de bienes. En el mercado de cereales de París, el más grande de Europa, aproximadamente uno de cada cuatro contratos de alimentos en 2018 fue especulativo. Hoy la cuota ha subido a tres de cada cuatro .

Los precios de los futuros terminan así desvinculándose de la oferta y la demanda. Eso es exactamente lo que está pasando. Sin embargo, es una lástima que se utilicen como punto de referencia para los precios reales de los alimentos. El comentario de Olivier De Schutter, relator especial de Naciones Unidas sobre pobreza extrema y derechos humanos, fue escueto: “La actividad especulativa de poderosos inversores institucionales, generalmente indiferentes a los fundamentos del mercado agrícola, realmente apuesta por el hambre y termina agudizándola”.

*Este artículo se ha publicado originalmente en italiano, en el portal valori.it

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