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Finanzas Eticas

La diferencia entre finanzas éticas, sostenibles, verdes y solidarias

¿Finanzas éticas, sostenibles o verdes? No siempre es fácil comprender lo que se debe hacer para invertir de la manera «correcta» para el planeta ...

De Andrea Barolini
Finanzas éticas y finanzas sostenibles no son lo mismo © Olivier Le Moal/iStockPhotoillustration of business integrity and moral

¿Finanzas éticas, sostenibles o verdes? No siempre es fácil comprender lo que se debe hacer para invertir de la manera «correcta» para el planeta y las personas.

Publicado originalmente en valori.it

Seguro que alguna vez pensaste en invertir tus ahorros de manera ética, justa. Sin que esto cause problemas al medio ambiente, sin que tu dinero se utilice para financiar empresas que alimentan el cambio climático, asegurándote que se respeten los derechos humanos y de los trabajadores. Y seguro que al buscar te habrás topado con una serie de adjetivos, eslóganes, subrayados: las finanzas se han definido de muchas formas, con las que no siempre es fácil aclararse. Para ello, es útil comenzar con algunas breves explicaciones.

¿Qué son las finanzas sostenibles (también finanzas responsables)?

Estos son términos bastante genéricos, que deberían indicar la voluntad de invertir basándote no solo en objetivos financieros sino también con criterios sociales y ambientales. El término «sostenible» en realidad se refiere a la idea de responder a las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las próximas generaciones para responder a las suyas en el futuro.

Las finanzas éticas son las únicas que garantizan la prevalencia del interés de todos por encima del de unos pocos. © Creative Commons Zero – CC0

Sin embargo, incluso en las definiciones de finanzas sostenibles planteadas por la Unión Europea, la sostenibilidad es, en el mejor de los casos, un objetivo secundario en comparación con el de maximizar los beneficios (para unos pocos). Así lo subraya el grupo Banca Etica, en uno de sus documentos de de posicionamento al respecto.

Muchos, de hecho, optan por anunciar sus productos como responsables o sostenibles, no tanto por una convicción real, sino para responder a una demanda creciente del mercado. En otras palabras: como una herramienta de marketing, de socialwashing y/o greenwashing: para mejorar su reputación y permitirse una imagen más limpia.

Por ejemplo, la financiación sostenible descrita en la nueva legislación europea no prevé ningún criterio que obligue a «no dañar a la comunidad y la economía real» a aquellos operadores financieros que quieran ser sostenibles- Además, la evaluación se centra en el producto financiero en concreto, y no en todas las actividades de la compañía y no se imponen requisitos de gobernanza.

La UE también se ha centrado casi exclusivamente en cuestiones medioambientales al definir este tipo de finanzas, olvidando los aspectos sociales. Además, las entidades que ofrecen productos sostenibles a menudo se involucran en actividades de presión (lobbying) hacia quienes toman las decisiones políticas. Hay que mencionar que en el debate europeo sobre las finanzas sostenibles ha habido una larga disputa entorno la exclusión de la energía nuclear de las actividades de una compañía para que puedan ser consideradas «sostenibles». Como colofón, la legislación europea no impide que las empresas que comercializan este tipo de productos tengan su sede en paraísos fiscales.

¿Qué son las finanzas éticas?

Las finanzas “éticas”, por otro lado, tienen como objetivo eliminar inconsistencias, inconcreciones y áreas grises. Son ante todo una aproximación, un prisma, una forma de ver el mundo. Un impulso integral, radical, que rechaza la lógica del libre mercado y las ganancias a toda costa. Obviamente, incluso las entidades de finanzas éticas persiguen el objetivo de obtener beneficios económicos. Pero lo hacen buscando maximizar los beneficios para la comunidad, para las personas, para la naturaleza. En otras palabras, no actúan solo en nombre de los accionistas sino de todos los portadores de valor.

En términos concretos, las finanzas éticas rechazan todas las formas de especulación y tienen como objetivo apoyar la economía real para aumentar el bienestar de las sociedades. Quienes ofrecen productos éticos no ofrecen «también» inversiones que sean perjudiciales para las personas o el clima: si eliges, por ejemplo, apoyar las fuentes renovables, no lo haces mientras por debajo de la mesa mantienes activos relacionados en las carteras de otros productos al petróleo o al carbón.

La gobernanza de las entidades de finanzas éticas también es transparente y participativo. En la elección de inversiones se parte de la exclusión necesaria de algunos sectores económicos como armas, combustibles fósiles, pornografía, juegos de azar, etc. Y luego, las empresas que operan en sectores no excluidos se evalúan con una mirada general de sus impactos. Sin olvidar la participación crítica y activa o accionariado crítico, con el objetivo de promover un comportamiento más ético en las empresas.

En otras palabras, las finanzas éticas no se contentan con mantener el status quo con algunas mejoras, sino que persigue la transformación social. Partiendo de las mismas finanzas, pretende cambiarlas para cambiar el mundo.

¿Qué es la financiación solidaria?

También son frecuentes las ofertas de productos vinculados a la financiación denominada “solidaria”. Es una rama que engloba los instrumentos financieros que tienen como objetivo apoyar a los actores de la economía social y solidaria. Este es el caso, por ejemplo, de las cooperativas, asociaciones u organizaciones sin ánimo de lucro.

¿Qué son las finanzas verdes?

También en este caso se trata de un sector de inversión, más que de una definición general. Las finanzas «green» o finanzas verdes señalan específicamente las herramientas que tienen como objetivo (o que deberían tener como objetivo) proteger el medio ambiente y contribuir a la batalla contra el cambio climático.

Así, por ejemplo, cada vez están más de moda los bonos verdes, a través de los cuales se pueden financiar proyectos vinculados a la transición ecológica. Pero también hay fondos verdes que prometen invertir solo en empresas que respeten la naturaleza. Una vez más, la definición de lo que es realmente bueno para el medio ambiente es decisiva. Podría parecer suficiente no invertir en empresas claramente perjudiciales, o se puede profundizar en distinciones engañosas entre fuentes fósiles particularmente dañinas (carbón) y otras menos impactantes (como el gas). Pero en definitiva, todas, incluso estas últimas, nos alejan de los objetivos marcados por el Acuerdo Climático de París de 2015.

Por tanto, si queremos estar seguros de que nuestro dinero se invierte realmente pensando de forma «global» en el bienestar de las personas, las comunidades, en la protección de los ecosistemas y el clima, la única posibilidad es elegir productos financieros éticos.

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