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Blue Economy: los retos del crecimiento económico sostenible en mares y océanos

En los próximos años, la economía del mar, o Blue Economy va a crecer exponencialmente. ¿Será posible extender los principios de la ...

De valorsocial

En los próximos años, la economía del mar, o Blue Economy va a crecer exponencialmente. ¿Será posible extender los principios de la sostenibilidad ambiental mar adentro? o también llegaremos tarde?

La presión económica sobre el mar y los océanos crece año tras año. Si la actividad económica sobre este medio se desarrolla de manera sostenible, el mar y los océanos serán fuente de riqueza, un recurso inmenso para generar nuevas oportunidades e incluso resolver grandes problemas que afectan a la humanidad. Pero sin aplicar la ética y el respeto al medioambiente, el empeoramiento de la calidad del agua, el agotamiento de los recursos marinos y la generación de nuevos problemas ambientales seguirán avanzando.

El avance de la Blue economy es un hecho

Las instituciones internacionales ven una fuente de oportunidades en la explotación de actividades ligadas al mar. Y lo vieron antes las empresas, que en diversos sectores utilizan el mar y los océanos de forma creciente. La pesca junto a las nuevas producciones alimentarias provenientes del mar, la producción de energías renovables, tanto la eólica offshore como la mareomotriz, el transporte marítimo, la biotecnología marina y el siempre en continuo desarrollo sector turístico de costas siguen creciendo. Pero los efectos de la economía sobre el mar también provienen de las actividades humanas en tierra firme: la creciente cantidad de residuos que generamos tierra adentro terminan en el mar generando importantísimos efectos como las ya conocidas islas de plástico.

El total de la producción mundial de la pesca de captura, según datos de la FAO sobre capturas, se situaba en 90,9 millones de toneladas en 2016, sigue creciendo en cantidades absolutas y en cantidades per cápita.

Por otra parte los océanos absorben una cantidad significativa de los gases de efecto invernadero del planeta: hasta un 40% de todo el anhídrido carbónico producido por el hombre en toda la era industrial ha sido absorbido por el mar.

La energía eólica sobre el mar avanza imparable: según el último informe de WindEurope,  “Offshore Wind Europe”, en Europa se conectó en 2018 a la red una capacidad récord de 3.148 MW de eólica offshore, lo que representa dos veces más que en 2016 y un 13% más que en 2015, el anterior año récord en nuevas instalaciones. Según datos del Med Blue Economy Platform, la energía eólica instalada en el Mar puede crecer a 12GW para 2020 y 40GW para 2050.

La biotecnología azul: desde la creación de plásticos biológicos, el creciente interés por el cultivo de las microalgas y cianobacterias en el ámbito de la alimentación, nutracéutica, cosmética o la salud, etc,n representan un conjunto de actividades que también aumenta crecientemente su presión sobre el mar.

El sector turístico relacionado con el mar representa ya el 4,5% del PIB de los países mediterráneos. 850 millones de turistas han visitado las costas del mediterráneo en toda Europa. La marina mercante operando en el mar Mediterráneo se compone de más de 8000 barcos que entregan el 20% del comercio mundial.

Este crecimiento seguro que va a generar muchos nuevos puestos de trabajo y crecimiento en los sectores económicos relacionados pero que también va a tener consecuencias en los ecosistemas del mar, en las costas y en general en todo el planeta. Por eso es necesario impulsar al máximo políticas de sostenibilidad ambiental en este conjunto de actividades.

La economía del siglo XXI mira al mar y a los océanos. La superficie marina representa un 80% de la superficie terrestre, una superficie que el ser humano  hasta ahora había utilizado pero no había sometimiento a su colonización como sí ha hecho con una gran parte del resto de los recursos naturales del planeta. Estamos en el inicio de este proceso y no podemos repetir los mismos errores que hemos cometido tierra adentro.

Con este trasfondo, y conscientes del efecto multiplicador que tiene cualquier política orientada al sector financiero, la ONG global WWF, la Comisión Europea, la Prince of Wales’s International Sustainability Unit y el Banco Europeo de Inversiones desarrollaron en 2017 la carta de Principios de Sostenibilidad Financiera para la Blue Economy. Una carta cuya aplicación en el sector es todavía, desgraciadamente, sólo voluntaria.

En resumen la carta trata de ser un vehículo para la aplicación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, en particular del 14º principio “conservar y usar sosteniblemente los mare, océanos y recursos marinos para el desarrollo sostenible.” Además estos principios se completan con los Principios ambientales y sociales que aplican tanto el Banco Mundial como el Banco Europeo de Inversiones.

Los firmantes de estos principios adoptan 14 compromisos:

  • apoyar inversiones, actividades y proyectos para restablecer, mantener o proteger la diversidad, productividad o resiliencia del medio marino.
  • cumplir todos los marcos normativos que protegen los recursos marinos.
  • tomar decisiones de inversión sobre los océanos y el mar enfocadas a la sosteniblidad y al largo plazo con atención a efectos no sólo económicos.
  •  actuar de manera coordinada entre los firmantes y también con los principales actores sociales vinculados a las actividades del mar y los océanos.
  • ser transparentes en la aplicación de los principios.
  • promover la inversión en proyectos que traten de desarrollar el principio 14º de los ODS.
  • invertir en proyectos que no sólo no perjudiquen sino que mejoren las condiciones y la biodiversidad del medio.
  • aplicar un principio de precaución analizando científicamente los posibles impactos que se puedan generar antes de llevar a cabo proyectos de inversión en el mar.
  • dar apoyo a proyectos de inversión que aporten soluciones a problemas marítimos.
  • trabajar en partenariado con las administraciones públicas vinculadas a los territorios ligados al mar.
  • desarrollar el conocimiento científico para desarrollar actividades económicas sostenibles en el mar.

Como decimos, la aplicación de estos principios es sólo voluntaria y peca también de lo que suelen pecar la mayoría de estas declaraciones de buenas intenciones: la falta de mecanismos de supervisión. Esta carta es un avance considerable si se extiende y las empresas realmente la asumen. Mientrastanto, nos situamos en un plano en el que el control social debe provenir directamente de la ciudadanía. Desde la sociedad civil debemos dar a conocer estos principios, promoverlos, aplicarlos en nuestro entorno más próximo, denunciar cualquier práctica que no los esté respetando y al contrario, elegir activamente aquellos productos y servicios del mercado que demuestren estar cumpliéndolos. La información todavía es muy escasa para los consumidores, pero existen alternativas y algunos principios que nos pueden guiar como el dosier número 23 de la revista Opcions, que aún siendo anticuado nos puede dar algunas pistas.

Estos días, en Barcelona, la WWF y la Unión por el Mediterráneo celebra unas jornadas sobre la sostenibilidad de la Blue Economy con el objetivo de poner en común prácticas para su desarrollo, poniendo en contacto agentes muy diversos, como Fondos de Inversión convencionales, fondos de inversión sostenibles, empresas y entidades de finanzas éticas que con sus enfoques basadas en el impacto social positivo pueden aportar claves para el desarrollo sostenible de actividades económicas que pueden mejorar el bienestar de todos utilizando de manera responsable todas las posibilidades que el mar y los océanos nos ofrecen con gran generosidad.

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