El precio de la guerra y los beneficios de la paz
El precio de la guerra siempre es altísimo. A los terribles costes en vidas humanas se suman los económicos.
De Luca Pisapia, periodistaEl precio de la guerra siempre es altísimo. En 2025 se registró el mayor número de guerras desde 1946, el primer año del que se tienen datos. Los más de 60 conflictos repartidos por el mundo en 2025 causaron casi 250.000 muertes directas, y en los próximos años las víctimas mortales indirectas podrían contarse por cientos de miles. Pero, como siempre sucede en las guerras, a los terribles costes en vidas humanas se suman los económicos.
Por un lado, billones de dólares invertidos en armas que se restan a la sanidad, la educación y la protección social. Por otro, el dinero destinado a reconstruir lo destruido, que a menudo acaba en los bolsillos de quienes provocaron esa destrucción. Y eso no es todo. Como la vida, la economía y el medio ambiente están inseparablemente ligados, entre los costes de las guerras también hay que incluir los ambientales: costes que seguirán pesando durante décadas sobre la vida de las personas.
Por eso es necesario imaginar la paz. Trabajar por ella, como intentan hacer las finanzas éticas. Porque la paz no es solo la ausencia de guerra, y sus beneficios humanos, económicos y ambientales tampoco se limitan a los costes bélicos que permite evitar. Es mucho, mucho más.
El Fondo Monetario Internacional y los costes del rearme
Imaginemos que las guerras no destruyeran vidas humanas, no devastaran el medio ambiente durante décadas ni provocaran una cadena de desastres sociales, sanitarios y ambientales. Incluso así, sus costes económicos serían insostenibles. Unos costes que enriquecen siempre a la misma minoría mientras empobrecen al resto de la humanidad.
No es precisamente un reducto de pacifistas, pero el propio Fondo Monetario Internacional advierte de que aumentar el gasto en defensa, aunque puede estimular la economía a corto plazo, plantea decisiones presupuestarias difíciles: puede elevar el déficit y la deuda pública o exigir recortes en protección social, sanidad y educación. Toda una respuesta al delirante rearme europeo y a los políticos que siguen defendiendo que invertir en armas merece la pena.
Gasto militar mundial y rearme europeo: las cifras del SIPRI
Según el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI), el gasto militar mundial alcanzó en 2025 los 2,887 billones de dólares, un 2,9 % más que en 2024. Estados Unidos, China y Rusia concentran por sí solos la mitad de ese gasto. Y mientras en Asia aumentó un 8 %, en Europa creció un 14 %.
Este incremento se debe, sobre todo, al plan ReArm Europe, presentado en marzo de 2025 y rebautizado después con el nombre más pacífico de Readiness 2030. Un plan que pretende movilizar hasta 800.000 millones de euros para defensa y del que ya hemos denunciado sus enormes costes sociales, además de su inutilidad. Así lo explica el proyecto académico Costs of War de la Universidad de Brown: «El gasto militar genera, de media, cinco empleos por cada millón de dólares. La misma inversión en otros sectores crea más empleo: casi 13 puestos de trabajo en educación, nueve en sanidad y ocho en infraestructuras y energías limpias».
El informe de la Universidad de Brown es fundamental. Expone sin rodeos los costes humanos, sociales, sanitarios y ambientales de las guerras, además de los económicos. Centrándose principalmente en Estados Unidos, explica cómo las guerras alimentan el miedo, la inseguridad y el racismo: situaciones de crisis que generan nuevos costes para la sociedad. Y cómo, al mismo tiempo, terminan favoreciendo a los de siempre. Desde hace algunos años, en particular, a Silicon Valley, «ya completamente dependiente del complejo militar-industrial y de la financiación del Pentágono».
Los beneficios económicos de la paz según el Índice de Paz Global
El Índice de Paz Global 2026 va más allá de las guerras y analiza el impacto económico de la violencia, es decir, el conjunto de gastos y efectos económicos relacionados con su contención y prevención. Aquí las cifras son todavía mayores. En 2025, ese impacto equivalió al 10,5 % del PIB mundial: 2.657 dólares por cada habitante del planeta. Un dinero que podría haberse destinado a alimentos, medicamentos, agricultura o infraestructuras. Según el índice, el mero hecho de evitar nuevas guerras «podría generar beneficios económicos globales de unos 2,2 billones de dólares».
Como hemos señalado, la paz no es simplemente la ausencia de guerra. Sus beneficios alcanzan al planeta y a la vida humana que lo habita (¿durante cuánto tiempo más?). Incluso atendiendo únicamente a los aspectos económicos, la paz es un activo macroeconómico estratégico que genera círculos virtuosos de inversión, estabilidad de precios y confianza de los mercados. Muy lejos de la carrera armamentística. Como escribe el Instituto para la Economía y la Paz (IEP), responsable del Índice de Paz Global, «la paz es más que la mera ausencia de guerra: es una ventaja económica».
Una ventaja que puede medirse en cifras. El IEP ha analizado ocho países que, entre 1970 y 2022, sufrieron conflictos de al menos cuatro años de duración. Sin la guerra, cinco años después de su inicio, su PIB habría sido un 25 % mayor; sus exportaciones, un 30 % superiores; y sus importaciones, un 19 % más elevadas, con balanzas comerciales más sólidas. La inversión extranjera habría sido un 54 % mayor.
La guerra, por tanto, además de ser un horror, resulta cara. La paz, en cambio, permitiría repartir más riqueza. También por eso las finanzas éticas excluyen de sus inversiones a la industria armamentística. Si queremos la paz, preparemos la paz. Frente al viejo lema tan querido por los belicistas y desmentido por los análisis políticos y económicos: «Si vis pacem, para bellum» («Si quieres la paz, prepárate para la guerra»).