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Parte 8
Greenwashing

La legislación europea para la sostenibilidad es un buen comienzo, pero necesitamos más

Etica Funds se dedica totalmente a las finanzas éticas, sostenibles y responsables desde su fundación en el año 2000. Aquellos que, como nosotros, ya ...

De Ugo Biggeri, presidente de Etica SGR
Ugo Biggeri , presidente de Etica Sgr, en su intervención en la primera Conferencia de las Partes del TPNW /©Alexander Papis

Etica Funds se dedica totalmente a las finanzas éticas, sostenibles y responsables desde su fundación en el año 2000. Aquellos que, como nosotros, ya tenían un enfoque ESG en su ADN vivieron la introducción del Plan de Acción de la Comisión Europea para una economía más sostenible como una evolución adecuada del mercado financiero: un cambio del que ya no se podía prescindir.

El perímetro de mercado de las finanzas sostenibles actualmente se ha ampliado: existen muchos actores en el mundo de los activos gestionados que han incluido productos ESG en su oferta. Esta evolución se ha acentuado seguramente en los últimos años, especialmente desde 2015, y ha dado lugar a un aumento de la competitividad en el sector, lo que ha resultado estimulante para nosotros ya que –aunque nuestra gama de productos de inversión siempre ha sido totalmente ética– somos conscientes de que siempre se puede mejorar en términos de protección medioambiental y bienestar colectivo.

Sostenibilidad actor clave político y económico

En este contexto es necesario tener en cuenta que desde el momento en que la sostenibilidad se ha convertido en un actor clave del debate político y económico, esta se ha encontrado de frente con intereses comerciales que a menudo han acabado utilizándola de forma inadecuada, con fines puramente lucrativos o de imagen, poniendo en práctica el fenómeno conocido como greenwashing.

A nadie hoy se le ocurriría negar la importancia de las finanzas sostenibles, su eficacia y sus beneficios desde el punto de vista de los parámetros financieros, pero también de los rendimientos en términos de rentabilidad y de impacto positivo tanto sobre el medioambiente como sobre la sociedad. De hecho, los fondos éticos y sostenibles tienen el doble objetivo de crear oportunidades de rentabilidad para los ahorradores a medio y largo plazo, mientras que recompensan a las sociedades y los Estados que adoptan buenas prácticas en los ámbitos medioambiental, social y de gobierno corporativo.

Un impulso importante en esta dirección ha venido sin duda de los ahorradores, en particular de las nuevas generaciones que cada vez son más conscientes del impacto de sus elecciones de inversión y que prestan mayor atención al problema del cambio climático. Razones por las que piden mayor claridad y transparencia sobre los instrumentos a los que dirigen sus ahorros y sobre las propias sociedades financieras que ofrecen esos productos financieros etiquetados como verdes.

La normativa de la Unión Europea debe completarse

En este sentido, la Taxonomía de la UE y la normativa SFDR (Reglamento sobre Divulgación Financiera Sostenible) han sido un excelente punto de partida en el nuevo panorama financiero que se ha creado: estamos hablando de normativas que eran necesarias para iniciar la transición adecuada para que los operadores de gestión de activos pudieran trasladar un mensaje claro e inequívoco a los ahorradores. No obstante, estas no pueden considerarse medidas completas y satisfactorias. En su propia naturaleza, de hecho, existen algunas contradicciones que han dado lugar a la aparición de varias cuestiones cruciales. Un ejemplo es que la Taxonomía de la UE, tal y como se ha estipulado, define los productos de las finanzas sostenibles pero no en qué sectores deben o pueden invertir dichos productos. Esto crea contradicciones que alimentan las prácticas de greenwashing, en las que algunos de los sectores más contaminantes presumen de productos que, según la definición de la clasificación, son sostenibles.

Este discurso, para nosotros, en Etica Funds, forma parte de un debate que mantenemos desde siempre. Al principio de nuestra actividad en Italia, cuando tan solo había unos pocos actores operando en esta rama de la gestión de activos, se hablaba de finanzas éticas, un término ahora sustituido por sostenible y responsable. Pero, aunque las finanzas éticas también son sostenibles y responsables, lo contrario no es forzosamente cierto. De hecho, una sociedad puede actuar bien en cuanto al respeto a los trabajadores y al medioambiente (siendo así sostenible y responsable) pero operar en un sector muy polémico como el armamentístico. Otro ejemplo son algunas sociedades petroleras que han puesto la etiqueta de «verde» a sus barriles de crudo, utilizando como justificación la compra de créditos: un sistema diseñado para compensar la emisión de dióxido de carbono equivalente mediante la activación de proyectos de desarrollo o reforestación. Esta práctica confunde deliberadamente los conceptos de “sostenibilidad” y “compensación que, obviamente, no son lo mismo; creando de este modo otra forma de greenwashing.

Foto iStock
Hora de potenciar una sostenibilidad real y global

Por tanto, es hora de respaldar y potenciar una sostenibilidad real, y no solo de fachada. Por eso queremos destacar nuestro compromiso con unas finanzas éticas que coloquen a las personas y a nuestro planeta en el núcleo de la actividad económica y financiera, con el objetivo de reformular los fines y los medios de las finanzas para crear valor económico sin ir en contra del bien común. El enfoque de estas cuestiones debe ser global, de 360°, teniendo en cuenta todos los pilares del acrónimo ESG y el contexto en el que se enmarcan.

El contexto es fundamental y, por tanto, la decisión tomada por la Comisión Europea a principios de 2022, de incluir en la taxonomía de actividades sostenibles también el gas natural y la energía nuclear, puede ser cuestionable desde nuestro punto de vista, un factor que podría minar la reputación de la legislación de la UE.

No obstante, si se utilizan demasiadas normas para definir lo que es sostenible se corre el riesgo de provocar una pesadilla burocrática. Los profesionales del sector SRI (Inversión Socialmente Responsable) se ven abrumados por las limitaciones relacionadas con la Taxonomía, la presentación de informes y los indicadores propuestos. Todo ello mientras que, por otro lado, lanzar un fondo que invierta, por ejemplo, en minería, petróleo o armamento es sencillo y no requiere demasiadas restricciones. Creemos que, si se quiere hacer un cambio real, hay que actuar en el lado opuesto, desincentivando con decisión la producción brown.

Por otra parte, el surgimiento de unas finanzas sostenibles es un acto político y, también en este frente, se puede actuar políticamente, haciendo más sobre la base del principio de «Do not significant harm” (no provocar daños significativos), definiendo no solo lo que es sostenible sino teniendo el coraje de decir también lo que no lo es, así como desincentivando productos y sectores altamente contaminantes y polémicos como el armamentístico.

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