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Parte 6

Financiar la economía social no es un riesgo. Es una inversión

La economía social da trabajo a 11,5 millones de personas en la UE, pero le cuesta obtener crédito

De Sara García Martín
La imagen ha sido creada por la redacción de Valori.it con Midjourney.

¿Para qué deberían servir las finanzas?  Cuando se limitan a generar dinero a partir del dinero, pierden de vista su función como instrumento al servicio de la economía y de la sociedad. La crisis financiera de 2008 mostró con claridad las consecuencias de esa búsqueda cortoplacista de beneficios: rescates bancarios, desempleo, desahucios y recortes públicos.

Por eso importa no solo cuánto dinero se mueve, sino cómo se distribuye, qué actividades reciben financiación y cuáles quedan fuera. Las finanzas éticas nacen de la voluntad de recuperar esa función: poner el dinero al servicio de la economía y de la sociedad. No rechazan la actividad financiera, sino que proponen ejercerla de otra manera, orientando los recursos hacia necesidades reales y proyectos capaces de generar valor económico, social y ambiental, entre ellos los impulsados por las organizaciones de la economía social.

El peso de la economía social 

En la Unión Europea existen más de 4,3 millones de organizaciones de la economía social, que emplean a más de 11,5 millones de personas (alrededor del 6,3 % del empleo) y generan una facturación superior a los 912.000 millones de euros. Cooperativas,  asociaciones, fundaciones y empresas sociales desarrollan su actividad en sectores tan diversos como los cuidados, la vivienda, la agricultura, la alimentación, la energía, la cultura o la inserción laboral.

Su importancia, sin embargo, no se mide solo por estas cifras. Las entidades de la economía social prestan servicios esenciales, crean y mantienen empleo, favorecen la inclusión y sostienen actividad económica en numerosos territorios. Además, por sus características (la primacía de las personas y de la finalidad social sobre el capital, la reinversión de una parte sustancial de los excedentes y una gobernanza democrática o participativa), distribuyen el valor generado de una manera diferente.

Financiar la economía social, por tanto, no es apoyar un sector marginal o dependiente de ayudas, sino invertir en una parte relevante de la economía europea, capaz de combinar actividad empresarial e interés colectivo. Sin embargo, su peso económico y social no se corresponde con las posibilidades que encuentran muchas de estas organizaciones para acceder al crédito y al capital que necesitan para consolidarse y crecer.

Una economía que no siempre encaja en los criterios financieros

Las entidades de la economía social suelen desarrollar su actividad en sectores con márgenes reducidos, disponer de pocos activos para aportar como garantía o combinar ingresos procedentes de diversas fuentes como ventas, subvenciones y aportaciones de las personas socias. Además, una parte importante del valor que generan no se convierte en beneficio privado, sino que se distribuye entre la comunidad mediante empleo, servicios, inclusión social o arraigo territorial.

Estas características pueden dificultar su acceso a la financiación convencional. Los sistemas estandarizados de evaluación del riesgo no siempre consiguen reconocer la estabilidad de su base social, la implicación de las personas socias, su conocimiento del territorio o su capacidad para mantener la actividad en momentos de crisis.

Reconocer, financiar y acompañar

Las finanzas éticas son aliadas naturales de la economía social porque comparten una visión de la actividad económica centrada en las personas, los territorios y el largo plazo. Muchas de sus entidades, como las cooperativas de crédito éticas, forman además parte de la propia economía social. Esta cercanía no se limita a los valores compartidos: también les permite conocer el funcionamiento de estas organizaciones y evaluar su viabilidad más allá de los criterios financieros convencionales.

En enero de 2025, la Federación Europea de Bancos Éticos y Alternativos (FEBEA) realizó una encuesta entre sus miembros para analizar su relación con la economía social. Los resultados mostraron que sus carteras incluyen cooperativas, asociaciones, mutualidades, fundaciones y empresas sociales, con una presencia destacada de microempresas que encuentran dificultades para acceder a la banca tradicional. En algunos de los bancos participantes, hasta el 93 % de la cartera de préstamos estaba destinada a microempresas excluidas del sistema bancario convencional. Este porcentaje permite observar una de sus funciones diferenciales: financiar organizaciones que otros intermediarios consideran poco atractivas por su tamaño, su sector de actividad o la dificultad para valorar sus modelos económicos.

Además, hacerlo no implica necesariamente una peor calidad del crédito. En 2024, los bancos éticos europeos analizados presentaban una tasa de préstamos dudosos del 2,11 %, ligeramente inferior al 2,28 % de los grandes bancos. Aunque estos datos se refieren al conjunto de sus carteras y no exclusivamente a la economía social, cuestionan la asociación automática entre finalidad social y mayor riesgo financiero.

El conocimiento cercano de cada organización permite valorar elementos que no siempre aparecen reflejados en un balance. Las finanzas éticas analizan los datos económicos, pero también la actividad desarrollada, la gobernanza, la implicación de la base social y el contexto territorial. Esta proximidad facilita una evaluación más ajustada del riesgo y permite detectar dificultades antes de que se conviertan en problemas mayores. La relación tampoco termina con la concesión del préstamo. La personalización, el diálogo y el acompañamiento pueden ayudar a las organizaciones a reforzar su gestión, adaptar la financiación a sus necesidades y afrontar sus procesos de consolidación o crecimiento. Financiar y acompañar forman así parte de una misma manera de entender la intermediación financiera.

Poner el ahorro al servicio de la economía real

Las finanzas éticas permiten que el ahorro se transforme en recursos para actividades que generan empleo, prestan servicios esenciales y fortalecen los territorios. En 2024, el 98,36 % de los préstamos de los bancos éticos europeos analizados se destinó a actividades con fines ambientales o sociales, frente al 18,47 % de los concedidos por los grandes bancos. El porcentaje no corresponde exclusivamente a la economía social, pero muestra hasta qué punto el destino del dinero forma parte del propio modelo bancario.

Financiar la economía social no consiste, por tanto, en reservar una pequeña parte de los recursos para proyectos considerados socialmente valiosos. Supone reconocerla como una parte relevante de la economía y dotarla de los instrumentos que necesita para desarrollar todo su potencial. Las finanzas éticas no solo orientan el dinero hacia actividades con finalidad social, sino que saben reconocer el valor de la economía social, financiarla y acompañar su desarrollo. Al hacerlo, recuperan la función esencial de las finanzas: poner los recursos disponibles al servicio de la economía real y de las necesidades de la sociedad.

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