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Parte 2
finanzas éticas

Finanzas sostenibles: Europa se encuentra ante desafíos ambiciosos

Definiciones unívocas, transparencia y datos comparables sobre los riesgos medioambientales. Son algunos de los desafíos que está afrontando la UE para regular las ...

De Francesco Bicciato
Por lo que respoecta a las finanzas sostenibles, Europa se encuentra ante desafíos ambiciosos

Definiciones unívocas, transparencia y datos comparables sobre los riesgos medioambientales. Son algunos de los desafíos que está afrontando la UE para regular las finanzas sostenibles

Han pasado poco más de tres años (era el 8 de marzo de 2018) desde que la Comisión Europea lanzó el Plan de Acción para financiar el crecimiento sostenible: un ambicioso punto de partida con propuestas y vencimientos para sostener el desarrollo de las finanzas sostenibles. Los objetivos eran tres: aumentar el flujo de inversiones en proyectos sostenibles; mejorar la integración de los riesgos de sostenibilidad en los procesos financieros; promover transparencia y un horizonte temporal a largo plazo entre los operadores.

El camino trazado por el Plan de Acción ha asumido una relevancia aún mayor tras dos importantes cambios políticos. El primero ha sido el lanzamiento del Pacto Verde Europeo, con el que la UE se ha comprometido a eliminar las emisiones de gases con efecto invernadero para 2050 y a aportar su contribución a los esfuerzos de la comunidad internacional para respetar el Acuerdo de París. El segundo es el Next Generation EU, introducido en mayo de 2020, en respuesta a la crisis económica y social generada por la pandemia de Covid-19. Un plan para poner en marcha la recuperación según un modelo de crecimiento más inclusivo y con impacto medioambiental reducido. 

Los tres desafíos de las finanzas sostenibles

En ambos casos, las finanzas sostenibles son un instrumento fundamental para dirigir capitales hacia proyectos compatibles con una trayectoria de descarbonización y de promoción de la justicia social. Para que funcione, para que crezca y para que sea eficaz en su aportación al desarrollo sostenible, el mercado debe vencer algunos desafíos.  Podemos identificar al menos tres:

  1. Introducir definiciones y clasificaciones compartidas sobre los temas y los instrumentos que se refieren a la sostenibilidad en el ámbito de los procesos financieros (una especie de alfabeto común sobre qué es sostenible y qué no);

  2. Incrementar la transparencia del mercado, lo que significa poner en circulación más información rigurosa y detallada sobre las características de sostenibilidad de las políticas de inversión, de los productos y de los servicios financieros. Indispensable para combatir el greenwashing y cultivar la confianza de los inversores;

  3. Aumentar la calidad, la cantidad y la comparabilidad de los datos sobre los riesgos medioambientales y sociales y sobre el impacto de las actividades económicas en los factores de sostenibilidad. 

Los datos son los ladrillos indispensables de toda la estructura del mercado. Los divulgan las empresas y los analizan y a veces los evalúan empresas competentes. Por último, los usan los operadores financieros para tomar decisiones de inversión sostenible más sólidas y para comunicarlas de manera adecuada a los consumidores/ahorradores. Los datos son necesarios para las definiciones compartidas e indispensables para una mayor transparencia.

Qué se ha hecho hasta ahora para hacer la finanza sostenible

Las instituciones europeas ya han intervenido en estas tres prioridades con algunas iniciativas importantes que ya forman parte del sistema normativo comunitario.

  1. El marco europeo para facilitar las inversiones sostenibles (Reglamento 852/2020) permite a los inversores identificar cuáles son las actividades que, realizadas dentro de determinados criterios técnicos establecidos con base científica, contribuyen a alcanzar los objetivos medioambientales y climáticos del UE.

  2. El Reglamento 2088/2019 (Sustainable Finance Disclosure Regulation – SFDR) ha introducido requisitos de difusión de la información de sostenibilidad de las políticas de inversión y de los productos financieros para los participantes en los mercados y para los asesores.

  3. Los indicadores climáticos (detallados en el Reglamento 2089/2019 y en los actos delegados) guían la definición de trayectorias eficaces y transparentes de descarbonización de las carteras.

  4. Las directrices sobre la divulgación de información sobre el clima integran, aunque de manera no vinculante, las directrices de la directiva sobre la divulgación de información no financiera de las empresas. El acto normativo de referencia para ofrecer al mercado datos medioambientales, sociales y de buen gobierno (ESG).

Qué falta todavía

En relación con clasificaciones, transparencia y datos, hay otros procesos en fase de desarrollo:

  • Sobre el marco de las finanzas sostenibles, la Comisión Europea está trabajando en la introducción de los actos delegados con los criterios técnicos de cribado que definen la contribución a los objetivos ambientales de la UE, fundamental para activar otros instrumentos, como el SFDR o el estándar europeo de los bonos verdes. Además, deberá aclarar cómo las empresas sujetas a la directiva sobre la difusión de información no financiera deberán declarar su alineación con el marco;

  • Sobre el SFDR, las autoridades de vigilancia europeas y nacionales, junto con la Comisión UE, deberán establecer normas técnicas eficaces para la divulgación de información sobre los riesgos y los impactos de las políticas de inversión y de los productos financieros, sostenibles y no sostenibles;

  • La directiva sobre la divulgación de información no financiera está sujeta a un proceso de revisión que la Comisión presentará al mercado en las próximas semanas.

En los próximos meses, los esfuerzos de los reguladores y de los operadores de mercado deberán converger en algunos puntos.

La taxonomía es un medio, no un fin

Más allá de los desarrollos normativos, es importante promover y alimentar un “debate honesto” (como los define Eurosif en un reciente artículo) sobre la naturaleza y la finalidad del marco. En la concepción de la Comisión Europea, el marco es un instrumento de clasificación de las actividades económicas que encontrarán su lugar en una economía libre de impactos en el medio ambiente. El marco es la fotografía de cómo deberá ser la economía europea de impacto cero en el clima en 2050. Una fotografía que debe servir de mapa en la actualidad para llegar a este objetivo.

Para que sea útil con ese fin y para que sea un punto de referencia auténtico del mercado, es importante proteger su carácter científico (“science-based“). Es necesario aclarar con todos los agentes (estados, empresas e inversores) que el marco es ante todo una clasificación Tomando esto como base, puede constituir un instrumento de divulgación, porque permite a las empresas comunicar con el mercado su grado de alineación con una economía verde. También es un instrumento de transición, porque muestra el camino necesario para llegar al objetivo final.  El marco no es una lista vinculante de las únicas actividades en las que podrán invertir los operadores financieros. 

Naturalmente, la Comisión deberá tener en cuenta el hecho de que algunas actividades económicas, que podrían no estar incluidas en la clasificación “verde”, son fundamentales para hacer posibles los esfuerzos de transición progresiva de países, sectores de producción y empresas. La comparación entre las instituciones y el mercado será fundamental para analizar y promover todos los instrumentos financieros y de política a disposición: por ejemplo, los indicadores climáticos sobre la transición (que se espera que se puedan utilizar más) o líneas de crédito relacionadas con los objetivos de descarbonización, que se pueden establecer teniendo como punto de referencia precisamente el marco.

La Comisión Europea lanzó en 2018 un ambicioso Plan de Acción para financiar el crecimiento sostenible © EmDee/Wikimedia Commons

Para una buena divulgación de la información de los operadores financieros

La eficacia del reglamento SFDR dependerá de al menos tres elementos. Ante todo, ofrecer al mercado los instrumentos para medir los indicadores requeridos por las normas técnicas de difusión de información a nivel de sujeto y a nivel de producto. Este aspecto es indispensable para que el reglamento alcance su objetivo, es decir, valorizar los esfuerzos de alineación de los operadores con los objetivos de sostenibilidad, sin cargarlos de excesivos requisitos de mero cumplimiento. Y, sobre todo, evitando el peligro de obstaculizar la innovación de producto. 

En segundo lugar, el factor tiempo es determinante. La Comisión deberá evaluar los plazos más adecuados para impulsar un cambio ambicioso del mercado y, al mismo tiempo, dejar a los operadores el tiempo necesario para adaptarse a los nuevos requisitos. 

En tercer pero no último punto se refiere a la armonización entre el SFDR, la directiva MiFID II y la IDD (Insurance Distribution Directive, la disciplina europea para la transparencia en el ámbito de los seguros). De hecho, el SFDR produce efectos directos en la comunicación a los clientes de la información ESG de los productos. Esta información debe ser rigurosa, detallada y exhaustiva y, al mismo tiempo, accesible y sintética. 

La importancia de los datos

Es indispensable mejorar la cantidad, la calidad y la utilizad de la información sostenible, en ventaja de las empresas y los inversores. En este sentido, será interesante seguir los desarrollos del proyecto sobre el Punto de Acceso Único Europeo (ESAP) para información financiera y no financiera. Una base de datos única y compartida en la que los clientes podrán cargar su información y en la que se podrán basar los inversores para elaborar sus políticas de inversión.

Se trata de una iniciativa ambiciosa, con normas de contratación e infraestructuras complejas. Deberá encontrar una síntesis perfecta entre absoluta calidad de la información (de lo contrario, no se distinguiría de las bases de datos, las normas y los marcos de referencia existentes actualmente para la difusión de información) e inclusividad suficiente para llegar al mayor número posible de empresas e inversores. Además, será muy importante evitar duplicaciones y complicaciones de los requisitos de divulgación de la información, en beneficio tanto de las empresas que producen datos como de los agentes financieros que los utilizan.

Lograr la participación de las pequeñas y medianas empresas

Las medidas orientadas a aumentar los datos ESG no pueden prescindir de la participación de las pequeñas y medianas empresas (pymes). Aumentar la calidad de las declaraciones no financieras de las pymes es fundamental por dos motivos. Ante todo, permitiría a los inversores responsables aprovechar oportunidades en empresas que tienen credenciales ESG altas y/o que proponen soluciones innovadoras para responder a los grandes desafíos climáticos, medioambientales y sociales.

Segundo motivo: la difusión de información de sostenibilidad podría convertirse en un instrumento útil también para las empresas. No solo para expandir el área de inversores potenciales, sino sobre todo para analizar los riesgos ESG para la empresa, así como los impactos de las actividades de la empresa en temas de sostenibilidad. Sobre esto, será importante intervenir con iniciativas de diálogo entre inversores y empresas y de promoción de la consciencia de la importancia de la divulgación de información ESG para las pymes.

En las próximas semanas, la Comisión Europea publicará la actualización de la estrategia sobre las finanzas sostenibles, para relanzar los objetivos y el perímetro del primer Plan de Acción. Es fundamental que estos desafíos encuentren respuestas de política eficaces y un mercado abierto y reactivo al cambio. 

Francesco Bicciato es Secretario General de Forum per la Finanza Sostenibile

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