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Parte 8
Finanzas Eticas

Crisis sanitaria: un reto para las finanzas éticas

Desde hace varios meses, vivimos la era del COVID19 y de la crisis sanitaria que esta enfermedad ha desatado en todo el planeta. La economí...

De Marie-Christine VERGIAT, diputada Parlamento Europeo 2009-2019
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Desde hace varios meses, vivimos la era del COVID19 y de la crisis sanitaria que esta enfermedad ha desatado en todo el planeta. La economía mundial está prácticamente paralizada desde hace varios meses, lo que revela la dependencia de los llamados países desarrollados de la producción de bienes, incluidos los esenciales, como vimos con el episodio de las mascarillas. Muchas empresas, grandes y pequeñas, sólo sobrevivieron gracias a la ayuda de las autoridades públicas.

Es imposible no establecer un paralelismo con 2008 y preguntarse si esta vez, quienes nos gobiernan, y muchos otros, serán capaces de aprender de lo que está ocurriendo. Recordémoslo. En 2008, los Estados desbloquearon tanto dinero para salvar a los bancos que, sin duda, muchos consideramos que era el momento de poner freno al gigantismo de las organizaciones financieras para devolverlas a la economía real. ¿Qué ha ocurrido realmente? Es cierto que la normativa se ha endurecido ligeramente y algunos controles se han hecho más estrictos, pero en su mayor parte todo ha vuelto a ser como antes. Peor aún, los gigantes han seguido creciendo, alentados por los poderes públicos.

Por el momento, es demasiado pronto para evaluar las consecuencias económicas (y sociales) de la crisis sanitaria, ante todo porque es evidente que no estamos aún al final del túnel. No obstante, podemos empezar a establecer algunos indicadores.

Marie-Christine Vergiat, diputada del Parlamento Europeo 2009-2019
¿Nos han servido las anteriores crisis?

En algunas áreas, se pueden destacar algunos elementos. Por ejemplo, no hay duda de que la crisis sanitaria ha acelerado la revolución digital, para bien y para mal. El teletrabajo es un ejemplo perfecto. Hay personas que pueden adaptarse y para ellas es una oportunidad, también hay personas paras que es una limitación adicional y aquellas que no pueden hacerlo por su formación, por la insuficiente capacidad de adaptación o simplemente porque su profesión no se presta a ello.

Pero, ¿nos dirigimos a un cambio profundo de la sociedad? Nada es menos cierto, sobre todo si vemos la capacidad de las personas más ricas del mundo de reconstituir su riqueza, o incluso de superar la cantidad anterior a la crisis, de nuevo como en 2018.

Los ciudadanos son cada vez más conscientes del devastador aumento de las desigualdades económicas y sociales, así como de los problemas climáticos y medioambientales. Su demanda de responsabilidad social y medioambiental es cada vez más evidente y no es seguro que se conformen con nuevos productos bien envueltos y etiquetados como ecológicos o de maquillaje social. Es de alternativas reales de las que están sedientos nuestros conciudadanos. Y es aquí donde, sin duda, las finanzas éticas deberían poder dejar su huella.

El papel de las finanzas éticas

Las finanzas éticas, como todos los actores de la economía social y solidaria, deben estar en el centro de las transformaciones que se avecinan. Debe dar ejemplo, demostrar la innovación para acompañar las nuevas formas de desarrollo económico, social y tecnológico.La «sociedad alternativa» ya no es la prerrogativa de unos pocos utópicos; cada vez hay más actores que le dedican toda su energía. Pero todavía hay que cambiar de escala. Las finanzas éticas deben estar a su lado, en primera línea.

Hay potencial, sobre todo en la Comisión Europea, donde, por primera vez, un comisario europeo, Nicolas Schmit, apoya firmemente la economía social y aboga por una mejor asociación con sus actores financieros, como los bancos y las entidades financieras cooperativas y éticas. Lo mismo ocurre en las Naciones Unidas, con el grupo de trabajo (UNTFSSE) presidido por el director del departamento de empresa de la OIT, que considera que la ESS tiene un papel impulsor para afrontar los retos del mundo de mañana.

Así que los retos son numerosos, se abren nuevas perspectivas. Las finanzas éticas deben saber aprovechar esta oportunidad para poner el acelerador en marcha.

 

 

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